“Si hubiese imaginado acabar mi etapa aquí, la forma hubiera sido esta, sintiéndome útil, importante, titular, con opciones de ganar títulos y con las sensaciones positivas que he tenido durante todo este año. Es un día muy difícil para mí porque llevo toda mi vida aquí y decir adiós a mi casa y mi vida es muy complicado”. Y Andrés Iniesta, que a punto de cumplir los 34 años sería útil, importante y titular en casi cualquier equipo del mundo, se despidió así del Barcelona, el único club que ha conocido como profesional y en el que sentía que ya no podía ser todas esas cosas.

El futbolista manchego no se retira, aunque lo parezca: “Lo único que siempre he dicho es que no competiría nunca contra mi club. Cualquier escenario que no sea Europa puede ser y cuando toque pues ya sabremos el lugar”. Aunque se resiste a anunciarlo, ese destino está en China, donde Iniesta podrá impulsar su negocio vitivinícola y pensar con calma en un futuro lejos del deporte

Así que en la rueda de prensa de este viernes no solo el Barça perdía a una de sus mayores figuras. También el fútbol europeo decía hasta luego a uno de los mejores centrocampistas del siglo XXI y uno de los mejores futbolistas españoles de todos los tiempos, a la altura de Luis Suárez o Xavi. “Es bonito sentir el respeto de la gente pero se han ido muchos jugadores. Se irá Iniesta y el Barça seguirá jugando bien y ganando. El fútbol sigue y la vida sigue”, reflexionó ante las cuestiones de la prensa. 

Cuando gane La Liga, sumará 32 títulos (más dos Eurocopas y un Mundial con la selección española) tras 22 años en Can Barça, seis en La Masía y otros 16 en el primer equipo, una presencia indisociable de Xavi y Messi. El astro argentino y el delantero uruguayo Luis Suárez no estuvieron durante la multitudinaria puesta en escena del de Fuentealbilla (“motivos personales”, justificaron desde el club), que certificaba su marcha ante su famillia, resto de la plantilla y una nube de periodistas. Antes lo había hecho, de manera más íntima en el vestuario con sus compañeros, técnicos y trabajadores de la entidad. 

Le preguntaron cómo quería ser recordado. “Me gustaría ser recordado como un gran futbolista y como una gran persona. Al final, el fútbol pasa y lo que nos queda a todos son las personas”.

A Andrés Iniesta lo va a echar muchísimo de menos una generación entera de aficionados y espectadores que lo vio crecer, apadrinándolo desde que deslumbró siendo apenas un chiquillo en un Torneo de Brunete televisado para todo el país hasta que lo vio marcar en la prórroga el gol que le dio a España la Copa del Mundo de Fútbol de Sudáfrica 2010. Que lo vio destrozar equipos como un fantasma indetectable entre el centro del campo y el área, que regateaba con sencillez e imaginación, que mandaba sin alzar la voz, que pasaba como el mejor, que se asociaba con todos y que remataba cuando más se le necesitaba, como en Stamford Bridge, como en Johannesburgo

Mientras intentaba despedirse, a Iniesta se le escapaban las lágrimas. A quienes lo escuchábamos, también. 

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