A Alejandro José Hernández Hernández le habría venido mejor arbitrar el Barcelona-Real Madrid en 2019. Para entonces La Liga española contará con un sistema de videoarbitraje que, si funciona como debe, evitará que un colegiado se vea tan apurado como lo hizo el pelirrojo trencilla para contener un partido que se anunciaba hipotenso y que terminó como el rosario de la aurora. Culés y merengues empataron 2-2 un partido sin trascendencia para la clasificación pero que sirvió para medir cara a cara a los dos trasatlánticos que han pasado toda la temporada observándose de lejos, con el Barça campeón de liga por aplastamiento y el Madrid dominando Europa, sin estorbarse mutuamente en los respectivos torneos.

Con el partido empatado a un gol, el final del primer tiempo se convirtió en una opereta. Tras varias entradas de pierna dura, Luis Suárez se revolvió contra un supuesto codazo de Sergio Ramos que quedó impune. En la jugada siguiente, lo nunca visto de Messi: con una furia desconocida en el habitualmente impasible argentino, Leo corrió veinte metros para hacer una falta alevosa sobre el defensa madridista y vengar a su amigo uruguayo. Gareth Bale respondió poco después con un plantillazo sobre el gemelo de Samuel Umtiti que pasó inadvertido para el árbitro.

Cuando estaba a punto de llegar el tiempo de irse a las duchas, más necesarias que nunca para enfriar los ánimos, Sergi Roberto se incomodó con un empujón de Marcelo y le arreó un manotazo en la cara al brasileño del Madrid. El defensa blaugrana fue el único al que el árbitro captó in fraganti entre los múltiples y reincidentes infractores del encuentro y lo expulsó. La ceguera se manifestó de nuevo en Hernández Hernández cuando había que señalar un penalti de Jordi Alba sobre el propio Marcelo en el segundo tiempo. Pero es que para entonces el partido ya era un festival de la exageración en el que Sergio Ramos y Luis Suárez ejecutaron ese papel de divos de la sobreactuación con el que se sienten tan cómodos. 

Resulta terrible tener que esperar al cuarto párrafo de esta crónica para hablar de fútbol y no de ardides infantiles y polémicas que ensucian el juego. Pero es que hubo casi más volumen de lo accesorio que de lo fundamental. El fútbol sucedió en el primer cuarto de hora, cuando los dos equipos demostraron cómo se ejecutan dos acciones de contragolpe perfectas que remataron en sendos goles.

La primera demostración corrió a cargo del Barça. Coutinho, inédito el resto del partido, descargó un balón maravilloso a Sergi Roberto que corrió totalmente libre la banda derecha. Cuando el lateral culé iba a centrar, Leo Messi tiró un desmarque en el que picaron los dos centrales madridistas. El balón los sobrevoló a todos para caer en la bota de Suárez que, libre de marca y en una gran volea, fusilaba a Keylor Navas

Luego actuó el Madrid. Sergio Busquets llegó tarde a una presión y Toni Kroos arrancó una conducción que llevó el balón hasta Cristiano Ronaldo en el pico izquierdo del área. Este esperó a que el alemán lo doblase por fuera para devolverle el balón en un taconazo magistral. Kroos centró al segundo palo donde Karim Benzema, asistió de cabeza al punto de penalti al que llegaba el ariete portugués para remachar. Otro gol precioso. Lástima para Cristiano que en el ánimo de despejar, Gerard Piqué pisó su tobillo causándole un esguince que le impidió participar en la segunda parte. 

Con un futbolista menos y Semedo sustituyendo a Coutinho, el Barça salió dispuesto a sobrevivir contragolpeando. Le fue mejor así que en una primera parte en la que acabó sometido por el Madrid. Ernesto Valverde se encomendó a Messi y le bastó. El argentino encontró un balón en la frontal en el minuto 52 (le llegó tras una falta previa de Suárez no señalada, pero para entonces ya todo daba igual), bailó frente a los defensas blancos y tiró un balón combado que se iba fuera hasta un segundo antes de culminar su parábola y entrar como un misil pegado al poste de la portería visitante. Fue un remate tan majestuoso como el que encontraría Gareth Bale veinte minutos después a pase de Marco Asensio, otro misil curvo al que Ter Stegen no pudo llegar. 

Con el empate a dos goles, el Madrid quiso ir a por el triunfo y el Barça se sostuvo gracias a un Ivan Rakitic descomunal y la buena actuación de su línea defensiva, que pese a la inferioridad numérica solo concedió cinco remates entre palos a los finalistas de la Champions League. En ataque vivió de su estrella, que se fabricó dos grandes oportunidades replicadas con dos paradas salvadoras de Keylor Navas que justificaron la confianza de Zinedine Zidane en su portero

Cuando el silbato del árbitro sonó por última vez en el Camp Nou, no parecía que aquel hubiese sido un partido entre un equipo que ya se había proclamado campeón del título liguero hacía una semana y otro que le sigue a 15 puntos de distancia en la clasificación. El Barcelona pudo mantenerse invicto y aspira aún a lograr una temporada inmaculada de 38 encuentros sin derrota y al Madrid le quedó la sensación de que es un equipo más peligroso que su gran rival, que si puede amedrentar al Barça en su campo, qué no podrá hacer frente al Liverpool en la final de la Copa de Europa.

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