En los últimos años, el Barcelona se ha gastado centenas de millones de euros intentando renovar puestos clave de su esqueleto (el central al lado de Piqué -y pronto el sustituto de Gerard-, Coutinho para tomar el relevo de Iniesta, Dembelé por la espantada de Neymar, y muchos más) y extender hasta donde se pueda el reinado de Leo Messi con la camiseta azulgrana. Y con el doblete de Liga y Copa recién guardados en el museo de trofeos, se intuye que otra inversión multimillonaria llegará en el próximo mercado de fichajes. El Barça está preparando un talón a nombre de Antoine Griezmann, si es que consigue cuadrar unas cuentas que se están saliendo de madre.

El presidente del club azulgrana, Josep Maria Bartomeu, ha vuelto a desvelar contactos con el agente de Griezmann, algo que ya no es novedad, incluso que se dirija de manera directa al propio delantero francés. “Lo vi el pasado verano de vacaciones. Nos encontramos con él en Baleares”, dijo el mandatario en una entrevista con la emisora catalana RAC1. Cuesta imaginar un escenario en el que el anodino cincuentón Bartomeu pueda coincidir casualmente con un veinteañero futbolista multimillonario en el mismo ambiente de vacaciones. El caso es que el máximo dirigente del Barça dejó caer en la misma entrevista que se vio con el agente de Griezmann el pasado mes de octubre. Luego ya recurrió al típico “no hablamos de jugadores de otros equipos con contrato en vigor”, pero el mensaje ya estaba más que mandado.

La prensa que sigue al Barcelona apunta a que Messi y Luis Suárez dan su bendición a Griezmann, al que reconocen nivel para afrontar todo lo que tiene que afrontar el Barcelona. El caso es que el fichaje del galo no bajará de los 100 millones que tiene su cláusula de rescisión con el Atlético de Madrid, cuyos directivos tendrían que pedir asilo político si venden al número 7 por menos que eso, es decir, negociando el precio. Peor es que además de semejante desembolso (el tercero del estilo en meses, tras Coutinho y Dembelé) hay que pagar el salario de Griezmann, que como aspirante al puesto de tercer mejor jugador del mundo difícilmente se bajará de la decena de millones limpios de impuestos al año.

Es ahí donde al Barça le surgen las dudas, porque su masa salarial es gigantesca por más que alivie espacio con la marcha de Iniesta. Umtiti está en la puerta de Bartomeu pidiendo un aumento de sueldo, y los nuevos contratos de Messi, Coutinho y Dembelé no ayudan. Precisamente ante las dudas que está dejando el extremo francés (sin jugar ante el Real Madrid ni en la mayoría de duelos importantes de la temporada) pueden forzar aún más la mano del Barça con Antoine Griezmann. El delantero se ha dejado querer en tantas ocasiones como cabreo provocó en la afición del Atleti por ello. Es ahora cuestión de que los números cuadren.

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