Si ya a poco de arrancar la temporada, cuando el Real Madrid se dejaba puntitos contra rivales inferiores que le fueron alejando paulatina y definitivamente del Barcelona, daba la sensación de que la Liga española le molestaba entre cada jornada de Champions League, ahora, a pocos días de la gran final europea contra el Liverpool, y con la Liga en manos del Barcelona, sería ridículo pensar que los de Zinedine Zidane se iban a poner 100 % de intensos en un partido en el Sánchez Pizjuán ante el Sevilla. Lo aprovechó el equipo andaluz para un triunfo vital en sus aspiraciones de llegar a la Europa League, en una mala noche del Real Madrid y, en especial, Sergio Ramos.

El central siempre vive con cierta sobreexcitación cada partido que supone su regreso a casa. Salió del Sevilla siendo un adolescente de origen humilde, que deseaba la fama tanto como ser uno de los mejores del mundo en su puesto. Posó semidesnudo para una revista antes de emprender su transformación física (nariz incluida), de peinados y tatuajes diversos. No tiene mucho que ver el Sergio Ramos que vuelve ahora a sus orígenes y se permite mirar desafiante a una grada que, por algún motivo atávico, no le recibe con cariño. Hace un par de años hizo un gesto desafiante a la grada, y ahora lleva dos visitas consecutivas marcando en propia puerta. Este miércoles, se metió el 3-0 después de fallar un penalti. Cuando acertó en su segundo intento (Ramos tuvo una de esas noches en las que quería marcar por encima de todo, como cuando decide patear los libres directos por motivos que él solo puede entender) ya era demasiado tarde. 

El Sevilla es un equipo reaccionando a la fusta de Joaquín Caparrós, que tras comprobar el color de las gónadas de sus jugadores suma dos triunfos consecutivos para reanimarlas opciones europeas del equipo andaluz. Los goles de Ben Yedder y del mexicano Layún fueron un perfecto retrato de lo que pretende el nada sutil entrenador andaluz: balones directos al delantero franco israelí, y un lateral jugando como interior por la banda derecha. Caparrós no dibuja en servilletas como Berizzo ni busca los goles antes que nada como Montella: tiene un misión, que es quedar por delante del Betis en la lucha por Europa. Los medios son lo de menos. Y de fondo hay un derbi sevillano en la penúltima jornada de Liga, que promete emociones fuertes.

Todo lo contrario que lo que le queda al Real Madrid. Este tipo de partidos sirve para esquivar balas en forma de lesiones, y dar minutos a los que no pudieron jugar tanto como quisieran. Lejos de dar motivos a Zidane para pensar si se había equivocado, los Theo Hernández y Dani Ceballos reforzaron los argumentos del técnico francés. Los dos serán carne de cesión el próximo verano. Borja Mayoral, en cambio, metió al Real Madrid en un partido que se le había escapado, haciendo el 3-1 y dándole algo de vidilla a un duelo que sólo tenía interés en un equipo. Y en Sergio Ramos.

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