El Real Madrid despidió la temporada de Liga en el Santiago Bernabéu y regaló a la afición que ya no le podrá ver más en su casa un 6-0 tan claro como inútil a un Celta de Vigo que tampoco se jugaba nada en el duelo y salió trasquilado. La victoria es apenas una nota estadística al pie de página de un torneo decepcionante de los blancos, si acaso una manera de mantener la forma física de cara al decisivo partido que marcará la nota final del año: la final de la Champions League contra el Liverpool. Para quien este tipo de partidos es algo más que un asterisco es para Gareth Bale. El suplente de muchísimo lujo que tiene el Real Madrid esta temporada acapara titulares en la prensa española que resumen a la perfección la realidad de su situación en el club blanco: por un lado, los que dicen que sus dos golazos al Celta son una notita más debajo de la puerta de Zinedine Zidane para pedir un rol importante ante el Liverpool, y por otro los que aseguran que son la última dosis de su talento en el Bernabéu antes de su salida este verano.

Habrá tiempo de hablar de esta segunda posibilidad y de qué equipo inglés (el único mercado capaz de pagar lo que pide y lo que el Madrid exige para compensar el negocio con el Tottenham) se llevará a Gareth Bale. Vayamos a lo más inmediato: ¿servirá la buena recta final del galés en la ya intrascendente Liga española y en esos minutos que Zidane le dio para rotar a sus titulares en los últimos tiempos para cambiar la opinión del técnico francés y que Bale sea, no ya de la partida, sino participe de manera importante en la final de la Champions League? Si el Celta y el Liverpool se parecen en algo es que los dos tienen en su línea defensiva la peor zona de su equipo. Y que los dos quieren imponer su juego ofensivo por medios distintos pero sin miedo al rival. Ése es el escenario donde Gareth Bale mejor puede exprimir sus impresionantes facultades físicas y su capacidad goleadora descubierta en el Real Madrid.

Bastaron dos balones al espacio que el lateral del Celta Jonny se encontró a su espalda para que el Bernabéu recordase la mejor versión de Bale, dos golazos de similar desarrollo (balón largo, control hacia su izquierda y perfecta definición) y distitna ejecución (una pegado al poste y cruzado, otra a la escuadra más alejada del portero). Son ese tipo de chispazos los que el Real Madrid esperaba fueran más constantes sin lesiones y compartiendo mejor espacios con Cristiano Ronaldo. Ninguna de esas cosas sucedió y el impulso de jugadores más de toque como Isco y Marco Asensio, además de el intocable Benzema, fueron empujando a Bale al otro lado de la línea de banda. 

La pelota ahora está en el tejado de Zinedine Zidane, como la de Isco, feliz retornado de su última lesión con un buen gol que también se ve como una reivindicación de cara al partido decisivo de la Champions. “Es mejor tener a todos enchufados… Claro, me dolerá la cabeza en Kiev, pero lo prefiero así. Sin jugarnos nada hoy hemos un gran partido y era importante porque los entrenamientos no pueden sustituir la intensidad de los partidos”, explicó el técnico francés cuando le preguntaron por Gareth Bale. La clave está en la intensidad, saber si partidos con poco o nada en juego como éste ante el celta o incluso el del Camp Nou ante el Barça (donde también marcó el galés) sirven para compensar la grisura de la temporada del extremo británico. Quedan dos semanas de debate.

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