Lloraron casi todos en la jornada del domingo. Lloraron Andrés Iniesta y Fernando Torres. Lloraron aficionados en los estadios y a través de la televisión y la radio. Lloraron algunos de sus compañeros. Lloraron incluso periodistas. Dos de los grandes símbolos del fútbol español se despidieron de sus clubes, el Barcelona y el Atlético de Madrid. Ni Torres ni Iniesta se retiran oficialmente del fútbol profesional, pero dan un paso al costado para buscar retos menos estresantes para su cabeza y su cuerpo. Y dejan tras de sí un reguero de emociones a flor de piel que pusieron algo de gracia al descafeinado final de la Liga española, con todo decidido.

Iniesta y Fernando Torres son dos símbolos de sus respectivos equipos. El primero suma 32 títulos con el Barcelona, a donde llegó siendo un niño para dar desborde y polivalencia al sistema de juego histórico del club azulgrana. El segundo sumó hace unos días su primer y único título con la camiseta del Atlético de Madrid, la Europa League, porque Torres se perdió los otros títulos mientras estaba en el extranjero. Pero es el icono de la cantera rojiblanca, símbolo del paso por la Segunda división y regreso a la élite, cuyo traspaso al Liverpool ayudó a sanear unas cuentas en números rojos. Los dos se despidieron de sus casas de maneras similares: rodeados de decenas de miles de aficionados, con el cariño de sus colegas y la admiración de rivales y vecinos.

El adiós de Fernando Torres fue incluso de película, marcando dos goles para el empate 2-2 del Atlético de Madrid en casa ante el Eibar, un resultado ya sin importancia porque el equipo de Simeone tenía el segundo puesto de la clasificación asegurado. Pero qué mejor escenario para un homenaje que el diseñado por Torres, ya goleador esporádico como cuarto delantero de la plantilla. “He tenido el privilegio de vestir esta camiseta mas de 400 partidos, es muy duro saber que es el final“, resumió en su alocución a la afición que llenaba el Wanda Metropolitano. “Nunca necesité títulos para sentirme el jugador más querido del mundo”, dijo Torres entre lágrimas. Las suyas, las de su familia, ante sus compañeros, sus primeros entrenadores y 45.000 personas entregadas.

El momento de Andrés Iniesta es diferente al de Torres, todavía importante en el Barça, llamado a ser titular con España en el Mundial de Rusia 2018. Su decisión de hacer las maletas no se sabe muy bien a dónde responde a motivos más físicos y mentales que futbolísticos. Lleva un mes de despedida que tampoco debe de ser muy buena para los nervios. En el último partido de Liga en el Camp Nou, un insulso 1-0 sobre la Real Sociedad decidido por Coutinho, Iniesta se convirtió en Infinito Iniesta, con la campaña en redes sociales del Barça inclinando el 8 del manchego 90 grados para formar el símbolo de lo infinito. Luego, sus compañeros vistieron su camiseta y recibieron a Andrés, que lloró como cuando era niño y se sentía solo lejos de su Albacete natal. 

“Llegué aquí como un niño. Me voy con 34 años como un hombre. Gracias por este mes en que me habéis pedido que me quedara. Solo os puedo decir que os llevaré en mi corazón para siempre”, dijo Iniesta a los casi 90.000 espectadores que acudieron a despedirle al Camp Nou. Luego, con las gradas ya vacías, salió de nuevo al césped para tener un momento a solas con el césped del coliseo azulgrana, quizás grabando material audiovisual para recoger su adiós. Iniesta y Fernando Torres, autores de dos de los goles más importantes de la historia de la selección española, cierran una etapa tan exitosa como simbólica.

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