No es sencillo ser central en el Barcelona. Lo explicó Pep Guardiola cuando allá por 2009 justificó la contratación de Dmitro Chygrynskiy, un desconocido ucraniano en el que adivinaba las cualidades necesarias para actuar en la zaga blaugrana: alta capacidad de concentración en la marca para resolver duelos individuales con mucho campo a la espalda; capacidad de sacar el balón jugado en corto; y buen desplazamiento del balón en largo. El pobre Dmitro cayó aplastado por la presión del Camp Nou y el Barça pasó años buscando al perfecto acompañante de Gerard Piqué, más allá del remiendo que era Javier Mascherano. Lo encontró hace dos temporadas en un francocamerunés imponente, Samuel Umtiti, al que acaba de renovar hasta 2023

Mientras los catalanes peinaban con urgencia el mercado para buscarle un reemplazo por lo que pudiera pasar, al mismo tiempo trabajaban en doblar la resistencia del joven internacional por Francia, que se estaba dejando querer por otros grandes clubes europeos. Demostrando el mismo carácter en el despacho que sobre el césped, Umtiti se sabía insustituible en el esquema de Ernesto Valverde y forzó su mano. O le mejoraban las condiciones económicas o exploraría ofertas. Su cláusula de rescisión de 60 millones de euros ya no disuadía a nadie en la Premier League, donde centrales como Van Dijk se pagan a precio de delantero

De las condiciones del acuerdo nada se sabe aún, pero el Barcelona se ha dado prisa en anunciarlo aunque el contrato no se firmará hasta este lunes, antes de que Samuel, goleador en el último amistoso de su selección, parta al Mundial de Rusia con les bleus. “Con sólo dos temporadas en la entidad, se ha convertido en un jugador imprescindible en la defensa del Barça”, reconoce el comunicado oficial del club.

Con Mascherano en China desde mitad de temporada, el frágil belga Thomas Vermaelen no representaba una garantía suficiente para sostener la defensa de un aspirante a la Champions League. En cuanto al colombiano Yerry Mina, el entrenador Valverde ya ha dicho lo que piensa de él con los pocos minutos que le ha otorgado: el ex del Palmeiras seguramente tendrá que acabar de aclimatarse al fútbol europeo a préstamo en otro club. A sus 24 años, Umtiti es todo lo que no fue Chygrynskiy: un zaguero de eficacia probada y el único preparado en estos momentos para ir tomando el relevo del ya treintañero Piqué. 

Ahora el Barça está pendiente de hacer aún más feliz a su central, incorporando a su compañero de selección Antoine Griezmann, quien resolverá estos días la duda que mantiene en vilo al campeón de La Liga y al actual club del ariete, el Atlético de Madrid, segundo clasificado en el torneo. Si dice sí a los catalanes, se formará un gran un núcleo francés alrededor de Messi ya que a Umtiti, Dembelé y Griezmann, todavía se les puede sumar Clément Lenglet, defensa central del Sevilla. El galo tiene una apetecible cláusula de 30 millones de euros y el Barcelona, a la fuerza ahorcan, ha aprendido que los buenos baluartes defensivos no sobran

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