Ni más ni menos que un titular en el partido más decisivo que Brasil jugó en el Mundial de Rusia 2018. Eso es José Paulo Bezerra Maciel Júnior, más conocido como Paulinho. Si bien su rendimiento en la Copa del Mundo y la derrota de la principal favorita del torneo ante Bélgica no aportan mucho más lustre a su currículo, tampoco le restan brillo al hecho de que el futbolista era una pieza habitual en un combinado de la súperelite. Y, sin embargo, esos méritos no bastan en el Barcelona que, un año después de pagar 40 millones de euros al Guangzhou Evergrande por su traspaso, lo devuelve al mismo equipo chino en forma de cesión. La decisión, de tan extraña como resulta, tiene a muchos aficionados del último campeón de La Liga rascándose la cabeza. 

A Paulinho se le negó el pan y la sal cuando llegó al Barça. ¿Los motivos? No era un talento ascendente (29 años), sus escalas previas no maravillaban (Corinthians, Tottenham, Guangzhou) y, lo más importante, su fichaje resultaba contracultural para la entidad. El centrocampista pertenecía a una categoría que hace enarcar la ceja en el Nou Camp: ni era un mediocentro posicional, ni tampoco uno de los fantasiosos interiores que ha producido el fútbol brasileño a lo largo de los años. Con alma de alemán, el de São Paulo era un llegador, un tipo de poderosa carrocería capaz de chocar cerca del círculo central y aparecer desde segunda línea en el área. Si Cruyff levantase la cabeza… 

En el 4-4-2 de Ernesto Valverde casi siempre hubo un hueco para el paulista. Anotó nueve goles y regaló tres asistencias durante el curso. Algunas de sus apariciones fueron decisivas para prolongar la racha invicta del Barça en la competición española. Esa versión algo más rocosa y solvente en defensa de los culés, que se quedó corta en Europa, sí se benefició del esfuerzo del futbolista en las competiciones domésticas. Pero un año después, alguien en el club ha decidido que Paulinho sobra. 

 

Tal vez el principal motivo de su salida esté en su nacionalidad. Tanto porque ocupa plaza de extranjero como porque de Brasil procede también el nuevo fichaje Arthur, el centrocampista de Gremio más dotado para el juego asociativo de la tradición blaugrana. También porque cualquier alivio salarial es bienvenido en Can Barça, donde el elevado precio de su plantilla (disparado por las costosas -aunque rentables- renovaciones de Messi) no se corresponde con el resultado en la Champions League. Así que si el Barcelona quiere matizar su actual versión para hacerla más competitiva en el inicio de la era post-Iniesta, debe dejar salir antes de dejar entrar. 

Y, sin embargo, la premura por despedirse de Paulinho resulta sospechosa. La prensa catalana cuenta que el club pretendía obtener 50 millones de euros de los chinos, una plusvalía de 10 millones en una sola temporada, pero que al final han acabado prestando al futbolista por un año con opción de compra. Este paso efímero habla de un bandazo en la política deportiva, como si el club hubiese desviado ligeramente su punto de mira. Se deshace de un fichaje reciente y se recuerda que durante el final del curso hubo rumores de que se estudiaba una cesión de Dembélé, el carísimo extremo francés que no acaba de florecer. Solo Coutinho, el mejor atacante de Brasil en Rusia 2018, parece un acierto incontestable entre las últimas incorporaciones. 

Serán los fichajes que lleguen en el resto del verano los que acaben de explicar los motivos por los que al Barcelona le sobraba en su banquillo un titular de la selección de Brasil. 

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