Primero habló el club que se queda: “Hoy el Real Madrid quiere expresar su agradecimiento a un jugador que ha demostrado ser el mejor del mundo y que ha marcado una de las épocas más brillantes de la historia de nuestro club y del fútbol mundial”. Después lo hizo el futbolista que se va: “Estos años en el Real Madrid, y en esta ciudad de Madrid, han sido posiblemente los más felices de mi vida”. Cristiano Ronaldo es nuevo jugador de la Juventus de Turín y, a la luz de los comunicados que el jugador y su ya ex equipo emitieron, no se entiende el porqué. Las dos partes se enredaron en lisonjas tan empalagosas que se olvidaron de explicar a qué se debe entonces su separación

En una cosa coincidieron: el adiós del portugués es una petición expresa del jugador. Los motivos apenas fue capaz de esbozarlos el interesado: “He reflexionado mucho y sé que ha llegado el momento de un nuevo ciclo”. No es el más logrado de los eufemismos. Lo único comprobable es que la Juve paga 100 millones de euros por el traspaso más otros cinco extra que deberían satisfacer los derechos de formación debidos a Sporting de Portugal y Manchester United

Las razones de que se rompa un vínculo tan provechoso para el delantero y el club campeón de Europa se pueden entresacar de un saco de excusas recopiladas durante los últimos años, por ejemplo estas tres: los problemas de Cristiano con la Hacienda española; el agravio de no ver renovado su contrato con unos emolumentos semejantes a los de Leo Messi; la nunca fluida relación entre dos tipos tan presumidos como el presidente Florentino Pérez y el astro, que fue un fichaje de su antecesor en el cargo, Ramón Calderón

En el fin de una etapa histórica de nueve años, es necesario recordar el tamaño de la hazaña del luso en Madrid:  “16 títulos, entre ellos 4 Copas de Europa, 3 de ellas consecutivas y 4 en las últimas 5 temporadas”, señala el club, que también agrada a su gran figura de este siglo con su palmarés individual, cuestión no menor para el interesado: 4 Balones de Oro, 2 The Best, y 3 Botas de Oro. Ninguna cifra más demoledora, en cualquier caso que los 451 goles en 438 partidos del máximo goleador histórico de un club de leyenda. 

De algún modo Cristiano siempre se equivocó al compararse en un duelo individual con Leo Messi. Si una figura es la que aparece en su reflejo hoy es la de Alfredo Di Stéfano, la mayor leyenda merengue hasta la fecha. Si el mito argentino transformó la historia madridista para convertirlo en el club campeón que todo el planeta conoce, el portugués evitó el sometimiento blanco ante el Barcelona durante los mejores años históricos de su gran rival catalán. Aunque no escapa a la sospecha de que su empeño fue siempre por un beneficio individual, es igualmente cierto que en su camino arrastró al equipo hasta devolverlo a la supremacía continental. Esa es una obra mayor que los galardones particulares por los que se desvive. 

Que Cristiano Ronaldo no termine su carrera en el Real Madrid, donde su nombre se eleva ya por encima de figuras como Zidane, Gento, Raúl, Casillas o Puskas, es incomprensible. Pero el ego que lo alimenta lo encamina hacia un último episodio de reafirmación personal. Aterriza en Turín con 33 años, olvidado ya aquel extremo imparable que fue, pero reinventado por el Zizou entrenador como un ariete letal. La Vecchia Signora es un grande de Europa que se queda siempre a paso de alzar la Champions, frustado este mismo año por el equipo español. Si Cristiano consigue elevar al campeón italiano hasta su título más ansiado, una proeza, le habrá demostrado a Florentino que se equivocó al no rendirse a sus deseos. 

Y nada gusta más a un presuntuoso que tener razón.  

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