Cuando estalló el polvorín del Sporting de Portugal, Rubén Semedo no estaba allí. Era lo único que le faltaba al central portugués de 24 años, formar parte de la vergonzosa debacle del club lisboeta, donde los ultras campaban a sus anchas y los jugadores huyen en desbandada. El espigado zaguero se basta él solito para organizar un buen pitote. Lo sabe el Villarreal, que lo fichó por 14 millones de euros y cinco temporadas para perderlo pocos meses después a manos de la justicia. Semedo jugó 231 minutos repartidos en cuatro partidos de La Liga y después se pasó 141 días en prisión preventiva. Desde esta semana está en libertad condicional y su equipo busca reinsertarlo como futbolista. 

Las correrías nocturnas del jugador se convirtieron en un folletín de intensidad ascendente durante el pasado invierno. El punto álgido llegó cuando el de Amadora supuestamente puso una pistola en el cuello del empleado de una discoteca y le dijo: “Si llamas a la policía, volveré a por ti”. En realidad fue la policía la que fue a por Semedo y lo condujo a prisión. Al futbolista se le imputan los delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones, detención ilegal, amenazas, tenencia ilícita de armas y robo con violencia.

El pago de una fianza de 30.000 euros le ha servido para recuperar su libertad tras casi cinco meses. Eso sí, con condiciones. Unas que van a dificultar el futuro deportivo del defensa.

El equipo castellonenco no quiere malgastar su inversión de hace un año, pero tampoco cuenta con él para su plantilla. Si desea revalorizarlo como activo, tiene que lograr que vuelva a jugar. Ocurre que Semedo no puede interesar a ningún equipo extranjero ni con competición europea porque le han retirado el pasaporte. Además debería ausentarse al menos un día a la semana para firmar en el juzgado de Valencia. Finalmente, también habría que cuidar que no se acercase a menos de 300 metros de la persona a la que amenazó. 

A Rubén Semedo no se le discute el talento futbolístico, pero sí se duda sobre su buena cabeza. El Villarreal busca una cesión a un club que esté dispuesto a arriesgar. Y en ese perfil encajan los equipos recién ascendidos a la Primera División de La Liga, menos poderosos económicamente y hambrientos de talento. El Periódico del Mediterráneo señala que uno de ellos, el Huesca, ya habría mostrado su disposición a acogerlo

Todo el mundo merece una segunda oportunidad, así en la vida como en el deporte. 

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