El fútbol es hoy un lugar mejor que ayer. Santi Cazorla está de vuelta. El centrocampista asturiano volvió a jugar un partido de fútbol después de casi dos años martirizado por una lesión en el tendón de Aquiles que a punto estuvo de dejarlo con secuelas incluso para caminar. Ese regreso, 636 días después de su último partido, no podía ser con otra camiseta que la del Villarreal, su club de formación y que le ha dado la oportunidad de completar su regreso a la élite.

Pocos se merecen más una recuperación que Cazorla, otro de esos ‘locos bajitos’ que tantos éxitos le dieron al fútbol español en los últimos 15 años. Campeón de Europa en 2008 y 2012, se hizo un nombre por sí mismo en su país antes de partir rumbo a la Premier League, de donde algunos compatriotas han regresado escaldados. No parecía ser su caso después de coger sin miedo el timón del Arsenal. En pleno crecimiento como jugador fundamental en el centro del campo gunner y de la selección española llegó su grave lesión y recurrentes operaciones.

Otros seguramente se habrían rendido después de miles de horas de trabajo estéril. Pero no el genial mediapunta, que rechazó una oferta del propio Arsenal para incorporarse al organigrama técnico para seguir intentándolo. En Vila-Real encontró los brazos abiertos para poder realizar la pretemporada. Sin garantías ni ningún tipo de atadura: si su cuerpo se lo permitía estudiarían la opción de hacerle hueco en la plantilla.

Y a sus 33 años Cazorla está ya en el penúltimo escalón para volver a competir con los mejores. De momento ha empezado con 25 minutos ante el Hércules, haciéndolo además en un escenario tan simbólico como el Mini Estadi de la ciudad deportiva amarilla. Habrá que ver cómo termina el verano, pero su técnico, Javi Calleja, ya intuye lo que puede caerles como llovido del cielo: “Si todo sale bien, las sensaciones son buenas y no hay ningún problema, tendremos en Santi un refuerzo de lujo“.

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