El Rayo Vallecano acaba de regresar a la Primera división española. Se trata de un club de un barrio de Madrid, que hace de su condición de club modesto y obrero bandera de orgullo. Durante sus mejores épocas, explotó veteranos rebotados de clubes más importantes y apostó por extranjeros ignotos, algunos catapultados después al éxito. En los últimos tiempos, su crecimiento se basa en un buen trabajo de cantera, explotando los recursos que se le escapan a los gigantes de la ciudad. Por todo eso, y muchos motivos más, el posible fichaje de Hatem Ben Arfa por el Rayo Vallecano suena como uno de los rumores más extraños del verano.

Pero parece que la cosa va en serio. El diario L’Equipe afirma que los agentes de Ben Arfa se han reunido en Madrid con directivos del Rayo Vallecano. El mediapunta de 31 años parece estar buscando un equipo en España para revitalizar una carrera incapaz de responder a la promesa del talento del joven de origen tunecino. Ben Arfa sería el camisa 10 soñado por un equipo de pocas posibilidades económicas, y un foco de atención mediática inesperado. El problema es todo lo demás que trae consigo Ben Arfa: indisciplina, poco trabajo y carácter volátil. Justo lo que puede desequilibrar (y no en el sentido positivo) a un club como el Rayo Vallecano, que además debería pagar un buen sueldo al francés.

Ben Arfa coincidiría así en Madrid con Karin Benzema, los dos genios precoces que estallaron en el Olympique de Lyon. Al madridista le fue mejor en su carrera. Hatem no lo hizo mal en Marsella antes de su período negro en el Newcastle, su cesión al Hull y su regreso a Francia. En el Niza, como ahora Balotelli, Ben Arfa recuperó el duende de su juego, hizo más goles que nunca y volvió a la selección francesa. La ambición lo llevó al PSG, donde se estancó, y hace un año que no juega. Pensó en denunciar al todopoderoso club parisino por tenerle marginado. Se quedó lejos de la selección de Deschamps, del que pidió su cabeza por el juego de Les Bleus por más que hubieran ganado el Mundial.

El Girondins de Burdeos parece un destino mucho más plausible para Ben Arfa, y los rumores también le sitúan en el tradicional club francés. ¿Qué buscaría el bueno de Hatem en el Rayo Vallecano? El efecto Ryan Babel: el holandés, otro jugador marcado por su carácter difícil, volvió del retiro árabe para firmar por el Deportivo de La Coruña, ponerse en forma, jugar su mejor fútbol durante apenas dos meses y aprovechar una laguna de su contrato para firmar un buen montón de dinero en el fútbol turco. Ben Arfa no necesita el dinero, de lo poco que se ha asegurado en los últimos años. Ojalá la elección del Rayo Vallecano fuera una de riesgo deportivo para triunfar en un fútbol más competitivo como el español.

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