La infinita capacidad diplomática de Ernesto Valverde le está permitiendo obrar un pequeño milagro: haciendo un equipo para contentar a mucha gente, el barcelonismo, sigue construyendo el Barcelona que él quiere. Y no es tarea sencilla. Cada verano los guardianes del método observan si los pasos que da la dirección deportiva siguen la línea del modelo que permitió afianzar al Barcelona moderno y conferirle una identidad propia en medio del fútbol mundial. Y cuando en escena aparece un futbolista como Arturo Vidal, la ortodoxia cruyffista enarca la ceja. Es entonces cuando el Txingurri sale a rueda de prensa y con infinita paciencia templa los ánimos.

“Hay jugadores que, en ocasiones, cuando se habla del famoso ADN, como te desvíes un milímetro te sales de la línea. Se trata de enriquecerlo”, explicó el entrenador ante la prensa, obligado a defender a un futbolista cuyo currículo debería bastar en cualquier otro club. El chileno, de 31 años, fue un futbolista importante en los éxitos de su selección, en la Juventus y en el Bayern de Múnich. Tiene potencia física, sí, pero ni mucho menos es un zopenco con el balón en los pies. Sabe jugar entre líneas, como exige el Barça, y, sobre todo, aunque no se dieron cifras del contrato que lo vestirá de blaugrana hasta 2021, la prensa afirma que es barato: 19 millones de euros más otros tres en variables, una ganga en el mercado actual que los catalanes arrebataron in extremis al Inter de Milán.

A Vidal le ocurre que cuesta emparentarlo con el modelo de centrocampistas idealizados en el Camp Nou. Esos tatuajes, esas crestas, lo alejan de la apariencia angelical de Iniesta. No es un metrónomo que marque el estilo como Xavi, al que algunos ya quisieron ver reencarnado en el brasileño Arthur durante los primeros minutos de la pretemporada. De nuevo, Valverde: “Si en nuestro juego cabe Arthur, también caben Vidal o también cabía Paulinho. Al principio todo el mundo hablaba de más y creo que pasará lo mismo”.

Los puristas sospechan que el entrenador quiere muscular al Barça, fortificarlo. Una herejía en un equipo acostumbrado a monopolizar la pelota y hacer que sean los demás los que retrocedan. Pero el técnico tiene claro lo que necesita. Le molestó la venta de Paulinho, tan discutido por contracultural en el modelo como rentable en la consecución del título de La Liga. No ha cejado hasta que el director deportivo Eric Abidal le fichó un recambio de nivel. “El año pasado hubo gente que criticó el fichaje de Paulinho sin verle ni un minuto y luego se vio que fue un jugador que nos vino bien. En un club como el nuestro hay espacio para muchos tipos de jugadores. Es cierto que hay unos que te marcan el estilo y otros que cuando llegan lo enriquecen”, insiste el preparador para los duros de oído. 

Lo que Ernesto Valverde ve es que la columna fundamental del Barcelona (Gerard Piqué, Sergio Busquets, Leo Messi y Luis Suárez) ha rebasado los 30 años. Mientras adiciones como Coutinho o Arthur encuentran su sitio para marcar diferencias al nivel que exige la Champions League, el entrenador necesita minimizar el desgaste físico de sus veteranos. Messi -que es principio y final de todo en el Barça- será Messi durante más tiempo cuanto menos esfuerzos tenga que realizar durante un partido.

Valverde llegó hace un año a Barcelona y advirtió algo que otros aún no ven: Xavi hace tiempo que está jugando en Catar y desde entonces el Barça pierde el balón mucho más que antes. Lo que Paulinho hacía, lo que Vidal va a hacer, es meterse en todas esas refriegas necesarias para tener la pelota cuanto antes y dársela al diez. “Tiene presencia, es agresivo y pensamos que nos puede venir muy bien. Es un perfil diferente al de los jugadores que tenemos”, resumió. 

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