Ganó el Real Madrid. Otra vez. Es algo que sigue sucediendo y no parece que vaya a cambiar. Los blancos se impusieron 2-1 al Manchester United y levantaron el trofeo de la Supercopa de Europa en el Estadio Filip II de Macedonia, en Skopie. Se trata de una hazaña que los propios protagonistas y el aficionado merengue olvidarán pasado mañana porque, como muestra del dominio continental y la fiabilidad en las finales del grupo de Zidane, esta es una prueba más bien pequeña.

Concededme que ya no es noticia que el Madrid gane y hablemos de cosas más interesantes. Hablemos de Fellaini.

El hombre boya belga es uno de los futbolistas más populares del mundo. Pendiendo de un tocado afro que lo emparenta con Valderrama, el gran(de) centrocampista de los red devils se conduce por los campos de fútbol con el carisma de un jugador de los años 80. Su aspecto único, de protagonista del cromo más buscado del álbum, lo sitúa en la estirpe de tipos como Ivanov o Gravesen: buenos jugadores transformados en diana para la risa maliciosa.

Marouane fue trending topic la pasada noche en España. Hace tiempo que el tuiterío mordaz lo ha sentenciado a perpetuidad a la categoría de “tronco”. Pero Fellaini no es culpable de que sus entrenadores se exciten con la posibilidad de que la redonda pelambrera magnetice cualquier balón llovido en la frontal del área.

El jugador que desembarcó en la Premier con la camiseta del Everton y que forma parte de la gran generación belga que partiendo de Kompany llega a Hazard, no era una broma. Muchos codiciaron su capacidad para abarcar la parcela ancha y castigar en el área. Es cierto que cuando le exigen jugar en el eje su falta de técnica y de velocidad lo desnudan. Pero el matorral de su pelo impide a parte de los aficionados divisar sus otras virtudes.

Sucede que las cosas que hace Fellaini, 194 centímetros de futbolista, se ven mucho, para bien y sobre todo para mal. Las dos ocasiones de la final en las que le partieron la crisma las vio el mundo entero multiplicadas a golpe de retuit. El del United colisionó con Sergio Ramos (esto suele pasar) y el apósito correspondiente lo transformó en un McEnroe de Carnaval.

Más icónica aún es la instantánea tomada por el fotógrafo Boris Grdanoski para Associated Press y en la que un balón y la cara de Fellaini reproducen los papeles de la bala y la manzana en aquel experimento fotográfico pionero de Harold E. Egerton en 1903.

Aquí, pelota y futbolista:

Aquí, proyectil y fruta:

Aunque las circunstancias no ayudan, el belga de origen marroquí se resiste a ser solo un meme futbolístico. Mourinho lo ha declarado intransferible pero el jugador se resiste a ejercer el papel secundario de señuelo de emergencia cuando toca enviar el balón a la olla en Old Trafford. Fellaini detesta que le tomen el pelo. Al último que se lo quiso agarrar le arreó un codazo. Su míster de entonces, Louis Van Gaal, lo defendió así:

“¿Cuál es tu reacción si te agarro del pelo? Su reacción es normal.

Agarrar del pelo sólo está permitido en el sexo masoquista”.

 

 

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