La Fiorentina vive la época de mayor incertidumbre desde su renacimiento. Superadas la bancarrota de principios de siglo y aquella dura metamorfosis en Florentia Viola hasta 2003, el cuadro toscano consiguió asentarse de nuevo en la élite. El lugar al que pertenece. Pero en los últimos meses la ilusión ha empezado a quebrarse.

Los propietarios, los hermanos Diego y Andrea Della Valle, decidieron colocar en venta al club que ellos mismos rescataran. Por si la noticia no fuese lo suficientemente tranquilizadora, comenzó un continuo desfile de figuras. Abandonaron la nave violeta Borja Valero, Vecino y Bernardeschi. Este último, además, cometiendo la mayor traición posible a ojos de su ex afición, rumbo a la Juventus.

En medio de este enrarecido ambiente, buena parte de las esperanzas violas empezarán a recaer en ilustres apellidos, los hijos de tres antiguas estrellas del Calcio: Federico Chiesa, Ianis Hagi y Giovanni Simeone.

Sobre los hombros del Cholito recae, tal vez, la mayor responsabilidad. Y es que el atacante argentino debe tomar el relevo del saliente Kalinic, quien hasta hace nada ejercía de principal artillero en la escuadra toscana. Sin embargo, su paso por Genoa ha sido tan positivo como para confiar en sus posibilidades.

Por diversos factores, el descendiente de Chiesa debería ser capaz de ocupar el rol de su tocayo Bernardeschi. Si bien su ubicación más habitual venía siendo la de carrilero, es de esperar que adelante todavía más su posición. Ahí soñaría con emular las tardes y noches goleadoras de su padre, Enrico, ex de Parma o Lazio pero también Fiorentina.

Menos presión que los anteriores tiene el joven Hagi, de 18 años, y a quien su padre Gheorghe describió en la revista Panenka: “Es un ’10’ clásico como ha habido muchos antes. Juega con ambas piernas y tiene personalidad. Pero no tengo que hablar yo más que él. Lo hará jugando”. Con que solo se acerque un poco al talento que lleva en los genes, la hinchada viola tiene motivos para soñar.

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