El veganismo se ha instalado en la sociedad a todos los niveles, y las opciones cada vez son mayores para que quienes eligen esta dieta no condicionen su vida social en cada salida. En el deporte, la barrera es cada vez más salvable. Todo parece posible después de un reportaje del New York Times que recogía la realidad de los culturistas veganos. Ver a un tipo levantar cientos de kilos en press de banca y que se alimenta sin proteína animal parece un argumento bastante convincente para defender que se puede ser deportista y vegano.

La historia del Forest Green Rovers se retrotrae a los orígenes del fútbol, en la pequeña localidad del sudoeste llamada Nailsworth. Apenas 5.000 habitantes jalean al equipo ahora en la Cuarta división del superpoblado fútbol británico. El tradicional equipo de pueblo que nunca había llegado tan alto en el ránking cambió de perfil con la llegada a la presidencia de Dale Vince, un empresario verde, new wave, de los de pelo largo, filiación y camiseta en su foto oficial. Fue él quien implantó la dieta vegana al club, tanto en el equipo como en el bar del coqueto campo, donde los parroquianos no pueden recurrir a nada animal ni con leche ni similar. Nada de Fish and chips (al menos nada de fish). El césped pasó a ser regado con aguas recicladas y cuidado sin pesticidas.

Vince es un buen vendedor, también. El modesto Forest Green Rovers copó titulares de todo el mundo por su veganismo, y el propietario de la ecoeléctrica Ecotricity aprovechó para firmar un contrato con EA Sports. El resultado: el delantero del Rovers Christian Doidge se convirtió en el primer futbolista fuera de ligas profesionales en salir en el FIFA 2018. Los veganos de Forest Green, por cierto, empataron y perdieron en sus dos primeros partidos en la Cuarta categoría. Se les está indigestando el estreno (perdón).