Las redes sociales son el paraíso para los clubes de fútbol. A diferencia de los medios de comunicación, no tienen que preocuparse del alcance de sus publicaciones ni de la contrapartida económica de ese tráfico. A diferencia de los periodistas, no deben andar pisando huevos alrededor de la imparcialidad o veracidad de lo que publican. A diferencia de los aficionados, su única preocupación es no ser irrespetuosos ni caer en incorrecciones. El resto es terreno abonado para expresarse libremente para gente deseando ver cosas que molen sobre su mayor pasión en la vida. Uno de los problemas de las redes son las modas. Y la última moda de los vídeos para anunciar los fichajes empezó fuerte este verano y tiene que acabar antes de que sea demasiado tarde.

Las redes sociales tienen muchos peligros y uno de ellos es la burbuja que crean: de opinión, de estilo, de lenguaje. Hubo una época en que no eras nadie en las redes sociales sin no decías random, facepalm y otros palabros. Para los clubes de fútbol, la moda reciente eran las tarjetas gráficas (que los cursis de márketing llaman “creatividades”) con la foto del futbolista de turno y un hashtag #BienvenidoFulano. Esta moda hace que, si eres un club modesto de Tercera division y anuncias un fichaje o renovación, te veas en la necesidad de hacer una tarjeta anunciándolo como si fueras el Madrid o el Barça.

Ahora, la evolución lógica de la foto y diseños currados nos lleva al vídeo. Y ahí es donde estamos cerca de perder el norte. Es momento de dejarlo antes de que sea demasiado tarde. En apenas semanas hemos presenciado auténticas obras de arte de serie Z en forma de cortometrajes que condensan la ilusión y la felicidad del club de turno por el fichaje de cierto jugador. Sólo que el resultado muchas veces es un tiro por la culata. Tomemos por ejemplo el fichaje de Negredo por el Besiktas. Como si a nivel deportivo ya no fuera suficientemente cuestionable, el club turco decidió que sería fenomenal promocionarlo con este vídeo grabado con diferentes calidades de imágenes (de mala a pésima), horrible sonido, efectos desconcertantes…

El Besiktas cae en el pecado de la cutrez. Otros, con más medios, erran el disparo porque, si te distancias un poco del contexto inmediato, lo que ves es un poco ridículo. La Roma rozó el éxito con la presentación en redes de Lorenzo Pellegrini, y se quedó en la orilla porque, porque… ¡Porque es un futbolista jugando a la consola!

Quizás quien más cerca estuvo de acertar en este nuevo género fue el Liverpool. Jugando con otra frase manida del Twitter (el omnipresente y en ocasiones gracioso “Announce x jugador”), el club inglés se apuntó un tanto con la confirmación de la contratación de Salah:

Es posible que los clubes estén experimentando para subirse cuanto antes al carro de estos vídeos. Por eso es el momento para dejarlo. No son necesarios, deben de ser caros de producir si se quieren hacer con cierta decencia, caducan en dos días, y si no caducan no es buen síntoma. Es síntoma de que alguien la ha cagado. Es el ejemplo del Chelsea con el anuncio de Rudiger: pésima actuación, cortes de edición que son costurones, gesto final que se puede confundir con una insinuación sexual… Un desastre.

Con menos presupuesto y pretensiones, tampoco hay manera en que esta presentación de Roque Mesa para los aficionados del Swansea les resulte simpática/positiva (PD: Es muy posible que Roque no aprenda nunca más palabras en inglés).

El intento por ser simpático seguramente es el más inane y a la vez olvidadizo. Podemos perdonar al Betis por intentarlo con el anuncio de la contratación de Boudebouz. Las posibilidades de acertar siempre siguiendo esta línea, sin embargo, se antojan escasas.

Desde luego, esta idea es mucho mejor que la del Sevilla con Jesús Navas. Imagino a los responsables turísticos de la ciudad hispalense tremendamente felices con la insinuación de un secuestro a plena luz del día por las calles de un destino vacacional de primer orden.

Las presentaciones de los futbolistas deberían ser el último reducto del fútbol rancio de toda la vida, con el jugador dando patadas a la pelota delante de los fotógrafos sobre el césped del estadio, a poder ser con aficionados en las gradas en horario laboral. Lo otro, los vídeos, son artefactos que generan ruido en las redes sociales, no siempre del bueno, intrascendente y banal en cualquier caso. Un reto continuo para tu límite en el detector de la vergüenza ajena.