Cerrad los ojos e imaginad una base musical electrolatina, como si este artículo lo firmase Juan Magán. Ahora es cuando entra una melosa voz canaria gritando: “¡2017! ¡Jay M! ¡Stoke City!”.

Como que no, ¿verdad? Firmar por los Potters no genera el mismo entusiamo que hacerlo por el París Saint-Germain. Y es que con un recitado de la alineación titular del equipo francés hasta Leonardo Dantés te hace un temazo rompepistas, pero con la del decimotercero de la Premier incluso David Guetta tendría problemas para entrar en Los 40 Principales.

Los lugares comunes para hacer risitas a costa de Jesé Rodríguez son dos. El primero, su ambiciosa declaración de intenciones en aquella entrevista con José Ramón de la Morena:

El segundo, los devaneos con el reguetón hardcore del artista también conocido como Jay M (30 millones de reproducciones de este vídeo, ojo):

Bueno, en realidad son tres los motivos de mofa:

Alguno dirá que el futbolista canario ha hecho mal en rechazar una oferta de la Fiorentina, perdiendo la oportunidad de empaparse de elegancia en la bella ciudad italiana. Lo cierto es que hace cuatro años casi cualquier equipo habría querido apostar por aquel portento físico de imparable regate en corto, buen disparo y sagacidad cerca del área, criado en Valdebebas. El Bichito, lo llamaba la prensa merengue para emparentar sus cualidades con las del astro Cristiano Ronaldo.

Jesé era algo parecido a lo que empieza a ser hoy Asensio: la gran esperanza blanca. Hasta que una grave lesión de rodilla en un encuentro de Champions frente al Schalke 04 frenó su fastuosa irrupción. Era 2014. De hecho, la frenó hasta hoy. Como sucede con tanto otros futbolistas, una contrariedad así abre infinitas ramificaciones especulativas: ¿Y si…? O no. Porque Jesé tuvo una óptima oportunidad para resurgir.

Emery lo reclamó para su primer y fracasado proyecto en París. El extremo español, viendo la competencia emergente en el banquillo madridista, emigró. Naufragó en Francia (368 minutos jugados en 14 partidos; un gol como botín) mucho antes de que lo hiciese su equipo frente al Barcelona en cuartos de final de la mayor competición europea. Neymar enloquecía al Camp Nou y, aún no lo sabíamos, se acercaba a la taquilla vacía de Jesé en el Parque de los Príncipes. Mientras tanto, nuestro protagonista enloquecía a Quique Setién en Las Palmas: tres goles y una asistencia como pobre bagaje durante la efímera vuelta a su tierra natal.

Jesé Rodríguez tiene tan solo 24 años y una tercera oportunidad para acercarse a ser lo que prometía en sus grandilocuentes declaraciones como jugador del Real Madrid. Falta saber si, habiendo comenzado desde lo más alto del fútbol, mantiene el interés por reconstruirse en un escenario mucho más modesto. Si sus rodillas conservan aún aquel explosivo desequilibrio de sus entradas por el margen izquierdo del área, tendrá argumentos para soñar con acompañar a Neymar cuando termine esta cesión de una temporada en Stoke. Si no, el mundo del fútbol lo seguirá viendo como un capricho sin función, como uno de esos cadenones de oro que Jay M se cuelga al pescuezo: brillan mucho pero parecen muy incómodos de cargar.

 

 

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