A lo largo del siglo XXI, numerosos presidentes europeos se han ganado la vitola de tipos duros. Negociadores implacables que suponen mucho más que un dolor de muelas para el equipo que se sienta al otro lado de la mesa. Pertenecen a esta estirpe Jean Michel Aulas, del Olympique de Lyon, Aurelio de Laurentiis, del Nápoles, o también Augusto César Lendoiro, ex del Deportivo de La Coruña y sobre quien guardan un dulce recuerdo por Múnich.

Hoy en día, en un mercado cada vez más enloquecido, la posición de honor en el podio que nos ocupa es para Daniel Levy, mandatario del Tottenham. Un empresario de origen judío que se presentó en sociedad en el fútbol español durante los veranos consecutivos de 2012 y 2013. El tipo desquició como nadie al Real Madrid en las operaciones de Modric y Bale, demostrando que no se inclinaba ante nadie.

Precisamente, mientras el galés hacía las maletas, Levy se lanzaba a una ambiciosa campaña de reclutamiento gracias al dinero ingresado. Eran los entonces llamados “Siete magníficos”: Soldado, Eriksen, Lamela, Paulinho (sí, el del Barça), Chadli, Capoue y Chiriches. Solo el brillante danés cumplió.

En cualquier caso, Levy volvía a mostrar su preferencia por la última hora, incluso por el famoso Deadline Day. Ya con Mauricio Pochettino al mando del vestuario de los Spurs, el presidente aguardó a mediados de agosto de 2014 para incorporar a DeAndre Yedlin; al año siguiente, hizo lo propio con Clinton N’Jie; y durante el verano pasado, llevó al límite la paciencia del Newcastle con Moussa Sissoko.

Claro que en este 2017, el mandatario londinense se lleva la palma. Mientras su equipo lleva dos temporadas consecutivas quedándose a centímetros de saborear la Premier League, Levy está exprimiendo el verano hasta niveles insospechados. El rendimiento ha sido tal que sigue sin firmar a nadie. Ni a un sustituto para Kyle Walker, traspasado al Manchester City por cifras enfermizas…

Sin embargo, la afición del Tottenham para dejar las compras para el último segundo podrían tener las horas contadas. Y es que los clubes ingleses estudian acortar el mercado y ponerle el cerrojo una vez que la competición se haya iniciado. Sería, sin duda, la peor de las noticias para Daniel Levy, el maestro de las últimas horas.

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