Apenas se llevaban disputados la mitad de los partidos de la primera jornada de la Liga española, y ya había quedado en evidencia lo absurdo de que en la competición no se aplique el VAR. Por muy desesperante y desquiciante que pueda llegar a ser el nuevo sistema de videoarbitraje, aún puliendo los aspectos técnicos y de criterios, empieza a resultar indefendible que no se opte por la tecnología en los errores como los que se han visto en España, fácilmente solucionables con una consulta.

La Real Sociedad ganó en Vigo con un penalti que fue fuera del área. El Sevilla hizo el 1-0 ante el Espanyol con un gol en el que no está claro que el balón haya rebasado completamente la línea. El Leganés marcó uno de sus tantos al Alavés en fuera de juego. Ya en la sesión del domingo, Sergio Ramos abofeteó y empujó a un rival y el árbitro decidió hacer mutis (eso sí, al menos nos permitió saber lo que entiende el de Camas por empatía, una de las mejores frases de la historia del fútbol español). Todos esos errores serían revisables con el VAR, uno de ellos con la versión aguada del Ojo de Halcón. Ninguna de ellas se aplica en España.

Los casos en los que se puede invocar al VAR son determinar si hubo gol, las expulsiones, las jugadas de penalti o si el árbitro confundió la identidad de un futbolista en una amonestación. Malas experiencias en pretemporada y torneos menores se resumenen la confusión y, sobre todo, el tiempo de espera para la decisión. Todo eso deberá perfilarse, para que sea inexcusable ayudar al árbitro en jugadas que admiten poca discusión.

España sigue por detrás. Ni siquiera le vale la excusa de que en la Premier League tampoco se usará el VAR hasta la próxima temporada (sí se probará en la Copa inglesa, y sí hay Ojo de Halcón). Francia lo usa, Holanda, lo usa, Alemania lo usa (los partidos de Bayern y Borussia tuvieron episodios de videoarbitraje), Italia lo usa. La Juventus sufrió un penalti revisado con el VAR (parado por Buffon).

Lo usa Portugal, una liga con menores recursos económicos que el resto. Se estima que la competición lusa invierte 2.000 euros por partido en el VAR, incluyendo la tecnología más un árbitro extra. 600.000 euros de inversión para evitar polémicas estériles.

En España las polémicas estériles son mucho más rentables que el VAR. Además, la confrontación abierta entre la organización de la Liga y la federación de fútbol frena el consenso en estas medidas. Mientras, se seguirá debatiendo sobre si un balón traspasó o no la línea.

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