Es muy probable que los seguidores de la Ligue 1 y otros parabólicos ya lo tuviesen controlado. Pero para el gran público, Kylian Mbappé se matriculó en los octavos de final de la última Champions. El Mónaco mostraba bastantes carencias defensivas en el Etihad pero deslumbraba atacando. Cada acción de aquel crío de 18 años recién cumplidos dejaba al personal con la boca abierta. Como la mayoría de sus compañeros.

¿Sería simplemente otro wonderkid más? ¿Un nuevo miembro de los llamados hijos del hype? Era muy lícito preguntárselo. Y en los meses posteriores, Mbappé dio soberanas muestras para ponerlo en duda. Seguía masacrando a sus enemigos europeos, goleando en la competición doméstica, estrenándose con la camiseta nacional… Uno de los nombres del presente (y del futuro), que ha sido engullido por la ferocidad del mercado veraniego.

Poco más podía hacer el Mónaco, ya huérfano de algunas de sus figuras del último curso. El plan era entregar más galones a su joven fenómeno, pero la situación contractual del futbolista jugaba en contra del club: un único año de contrato y salario cuasi juvenil. Los tiburones acechaban y la escuadra monegasca intentaba defenderse…

Sin embargo, como tantas y tantas veces, el divorcio entre Mbappé y el Mónaco parece inevitable. Esos otros clubes a los que el Mónaco denunciaba han conseguido sacudir la cabeza del chaval (y también las de su entorno). Tanto, que ha desaparecido de las convocatorias. Leonardo Jardim, su aún entrenador, lo explicaba así:

Días después, volvía a aclarar el tema:

Y mientras, los rumores sobre su traspaso al PSG no cesan. Mbappé nació en París, y si hacemos caso a las habladurías, es allí donde quiere verle su padre (¿no suena familiar?). En cualquier caso, una de las mayores promesas del fútbol mundial se encuentra en el limbo por culpa de las garras del mercado. Como Virgil van Dijk, Coutinho, Alexis Sánchez o su compatriota Dembele. Hasta el 31 de agosto, no queda más remedio que esperar…

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