Paulo Dybala recibió con alborozo la camisa 10 de la Juventus este verano. Una mezcla de perfecto márketing y natural evolución futbolística le valió al argentino de 23 años para vestirse con un manto mítico en el fútbol europeo. Platini, Roberto Baggio, Alessandro Del Piero, en menor medida Tévez… Ése era el reto de Dybala para arrancar la temporada, y La Joya está respondiendo de manera inmejorable, haciendo justicia con la tradición de los camisa 10 de la Juve.

Van 6 goles de Dybala en lo que va de temporada. Este sábado hizo tres en el triunfo de la Juve en campo del Génova, en un partido de ida y vuelta con dos penaltis señalados por el VAR (o que se tragó el árbitro, como quiera verse). Dybala acertó desde los once metros, acabó un contragolpe y apareció para rematar como delantero centro. El portero del Génova le sacó otro remate de gol en el primer tiempo y Dybala podría haberse vuelto a Turín con 4 goles.

Había anotado en la jornada inaugural del Calcio y además otros dos en la Supercopa italiana. En esos partidos, cero asistencias. Ésa es la evolución natural de los camisa 10 en el fútbol italiano. Dybala, como Del Piero y Baggio, arrancaron como mediapuntas creativos, capaces de dar el último pase, galvanizar el juego entre líneas, aparecer para rematar… El fútbol italiano empuja a estos jugadores irremediablemente a convertirse en delanteros, simplemente. Véase Dybala: ya casi ha jugado los mismos partidos con la Juventus que con el Palermo. Ha marcado el doble de goles con el equipo turinés, pero sólo ha dado dos asistencias más.

Lo mismo le pasó a Totti y quizás por esa falta de pegada y rapidez no acabó de pasarle a Pirlo ni a Giovinco. Uno supo encontrar su mejor versión como centrocampista puro, el otro encontró su sitio en Canadá. Dybala está en una misión: es año de Mundial y quiere ser protagonista en la selección argentina, para la que todavía no ha marcado. Además, quiere callar bocas como la de Cassano, que dicen que no tiene nivel para Barça o Madrid: viendo lo que han pagado por Dembélé y otros jugadores del estilo, Dybala tiene todo el derecho a sentirse menospreciado.

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