El mercado de la competición de clubes más cara del planeta ha llegado a su fin. Casi todos los clubes volvieron a invertir de lo lindo, con los dos vecinos de Manchester a la cabeza. El Everton también se desmelenó, aprovechando la operación Lukaku. Sin embargo, tras lo ocurrido durante estos meses existe la impresión de que, al fin, es el otro equipo de Merseyside el que está preparado para dar el gran salto.

El Liverpool realizó también una considerable apuesta económica, pero todas las piezas parecen acertadas. A pesar de su disparatada puntería, Mohamed Salah encaja como pocos en el acelerado estilo del colectivo; Andy Robertson puede resolver el clásico problema del lateral zurdo a medio y largo plazo; y Alex Oxlade-Chamberlain suma todavía más velocidad a una plantilla ya vertiginosa. La guinda la supone Naby Keita, atado ya de cara al 2018 y que dejará boquiabierto a más de uno en la próxima Champions.

Durante meses, los Reds se convirtieron en el destino preferido por uno de los mejores centrales de Inglaterra, Virgil van Dijk. Y en los últimos días de agosto, fueron vinculados a una absoluta joya de futbolista, Thomas Lemar, injustamente infravalorado con respecto a otros de sus ya ex compañeros en Mónaco. Ni el holandés ni el francés aterrizaron en Anfield. Entonces, ¿por qué esa extraña sensación de victoria? Esta periodista lo resume perfectamente.

Van Dijk y Lemar rechazaron los traspasos a entidades enemigas y se quedaron en sus respectivos clubes porque solo querían ir al Liverpool (igual que Chamberlain y Keita). Totalmente lícito pensar, pues, que ambos podrían llegar el próximo año junto al guineano del RB Leipzig.

Es, sin duda, el efecto Jurgen Klopp. Un tipo con un carisma irresistible y que impregna a sus equipos con un delicioso apetito ofensivo. Así también se gana a sus pupilos. Lo hizo en Dortmund y en menos de dos años lo ha repetido en Anfield, convirtiendo a los Reds en un equipo encantador hasta para los que somos seguidores de sus rivales.

Llevamos muy poco del curso, pero el Liverpool ya ha protagonizado dos demoliciones en su mítico estadio (Hoffenheim y Arsenal). Y aún debe recuperar a Philippe Coutinho para su causa. En ataque van sobrados. Solo una pizca más de solidez defensiva y uno está convencido de que son candidatos a todo a nivel doméstico y capaces de dar mucha batalla en el plano continental.

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