El de Serge Aurier tal vez no sea el nombre más rutilante del transfer deadline, el último día hábil para fichajes en la Premier League, pero sí puede ser el más relevante socialmente. El lateral derecho costamarfileño procedente del París Saint Germain jugará en el Tottenham Hostpur hasta 2022 tras un desembolso de 25 millones de euros. El propio club de Londres ofrecía en sus redes esta sintética biografía del jugador:

«Nos da la oportunidad de hablar sobre el tipo de deporte que queremos ver, los jugadores que estamos dispuestos a animar, el tipo de clubes que queremos ser y hacer cambios efectivos y profundos». Esta es la valoración del fichaje realizada por Proud Lilywhites, un grupo de aficionados LGBT+ del Tottenham. Y su opinión es especialmente relevante.

Aurier protagonizó en 2016 uno de los episodios más vergonzosos hasta la fecha de un futbolista en redes sociales. Durante una retransmisión de Periscope criticó con insultos homófobos a Laurent Blanc, su entrenador en el PSG, y a otros compañeros de equipo como Ibrahimovic, Di María o Sirigu. Esto le valió ser apartado del equipo y que rápidamente sonasen rumores de traspaso que lo acercaban al Manchester United. Pero la estrechez de mente no era el único problema de Aurier.

Su fichaje por un equipo inglés se complicó cuando en septiembre de aquel año agredió a un policía a la salida de una discoteca. Esos antecedentes provocaron que las autoridades británicas vetasen su entrada en el país para disputar un encuentro de Champions League. La obtención de un permiso de trabajo fue el último escollo que tuvo que superar el jugador africano para poder fichar por la entidad que dirige Daniel Levy.

Ahora hay una parte de la grada de Wembley (los Spurs abandonaron White Hart Lane tras 118 años y juegan como locales en el templo del fútbol británico mientras se erige el nuevo campo) que examinará a Aurier no solo como futbolista, sino como modelo de conducta. Los Proud Lilywhites, pese a las reticencias iniciales y tras dialogar con el club, quieren «usar esto como una oportunidad para tender puentes y promover cambios duraderos». «Esto es una travesía y no queremos recriminar. Una de nuestras principales herramientas para el cambio es la educación, así que nos gustaría ver que la interacción con los aficionados LGBT+ está al principio de la lista de prioridades de Serge«, explican en un comunicado.

El fútbol inglés (y el de todo el mundo) sigue luchando por desterrar el racismo del campo y del vestuario, pero también tiene camino que recorrer contra la homofobia. El arranque de esta temporada en la Premier estuvo manchado por la actitud homófoba de un grupo de aficionados del Leicester contra seguidores del Brighton que se saldó con su expulsión del estadio y el arresto de dos hombres por incitar al odio contra la diversidad sexual.

Si Serge Aurier entregase un ramo de perfumados lirios blancos a su nueva afición que lo mira con sospecha (lilywhites es el apodo de los Spurs), quizás podría ayudar a disipar la pestilencia homófoba que aún contamina muchos estadios.

 

 

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