Hubo mucho texto apocalítpcio (con algo de razón, no es cuestión ahora de quitar gravedad al asunto) sobre la marcha de Neymar y las consecuencias catastróficas para el Barcelona. Es verdad que el equipo azulgrana perdía un tipo resolutivo en goles y asistencias, un jugador capaz de desequilibrar por regate y velocidad, imperfecto en el primer toque en ocasiones pero con ángel y carácter. Pero uno no puede si no preguntarse qué ocurrirá cuando Leo Messi decida dejarlo. O peor aún, decida irse antes de tiempo del Barça. El concepto de tiempo en el caso de Messi es más relativo que en los textos de Einstein: una carrera del argentino, un toque extra para acomodarse la zurda y cruzar un disparo imposible, un caño previsto medio segundo antes de que ocurra… Todo eso será un agujero negro que se comerá la galaxia Barça cuando la Pulga se desvista la camisa 10 azulgrana. Mientras tanto, como comprobó la Juventus subcampeona de Europa, todo es relativo si Messi está en el campo para el Barça.

El argentino desequilibró el 3-0 del Barça sobre la Juventus y, de paso, regó los brotes verdes del equipo de Ernesto Valverde. No fue Messi la única buena noticia del choque para los azulgrana. En un contexto en el que se esperaba casi noche tras noche que la única buena noticia fuera la brillantez del argentino, empiezan a intuirse cosas: un esquema táctico que varía ligeramente el 4-3-3 al que parecía aferrarse con la llegada de Dembélé, un renacimiento de Iniesta justo cuando su futuro está más en discusión que nunca, una presión adelantada más efectiva, un lateral derecho con prestancia…

Messi marcó casi en la última jugada del primer tiempo, en el que el Barcelona fue de más a menos aunque siempre con una idea clara. Tuvo la pelota con gusto y paciencia, le faltó desborde y con el paso de los minutos fluidez ante la pujanza de Mautuidi, Betancourt y Pjanic. Pero casi siempre presionó con orden, liderados por Busquets e Iniesta, y cuando recuperaban la pelota tenían claro lo que hacer. Aún así, el orden de la Juventus le hizo daño al Barça y acabó controlando el ritmo del juego. Tímidos en la salida hacia Ter Stegen, los italianos no encontraban a Dybala en zona de peligro y el argentino es su principal alimento de gol dado que Higuaín está apurando las vacaciones.

Pero el 1-0 fue algo más que el chispazo de Messi. Fue una jugada iniciada por Ter Stegen en área pequeña, una buena salida de la presión desde atrás y un gesto técnico de Dembélé que es justo lo que necesita el Barça: el extremo francés, que exhibió ciertas dificultades para el juego en corto, se manejó a la perfección recibiendo de espaldas en el centro del campo, orientando el control lejos de su marcador y encontrando el espacio para que Messi decidiese qué hacer. La Pulga amagó su pase a Alba, paró medio segundo para diseñar la pared con Luis Suárez y luego batió a Buffon por primera vez en su carrera.

La segunda parte fue aún más prometedora para el proyecto que quiere construir el Barcelona. Amasó la pelota casi siempre cerca del área del rival, la recuperó en esa zona del campo una y otra vez y apenas concedió salidas a la Juventus, que sólo respiró algo con la entrada de Bernardeschi en campo y luego en los minutos de la basura. Para entonces, Messi se había encargado de romper el partido ejerciendo de nuevo de extremo diestro para el gol de Rakitic y después en su versión de mediapunta, regateando y cambiando de ritmo a placer para ajustar un tiro perfecto.

Siempre crees que cuando Messi coge la pelota sólo pueden pasar cosas buenas para el equipo. Lo sufrí mucho de tenerlo enfrente y ahora lo disfruto. Está muy implicado en todo”., dijo Ernesto Valverde tras el partido. Messi ha marcado 8 goles en 6 partidos esta temporada. y de paso le manda un mensaje rotundo a Dybala, otro zurdo de posición similar, que ve cómo su carrera con Argentina no despega porque, claro, su ecosistema invade el de un depredador tiránico que no está dispuesto a ceder terreno a otro macho dominante. Le queda por aguantar a La Joya.

 

Sea por el asumir más responsabilidad por la marcha de Neymar, por la necesidad del equipo, o por una reivindicación personal, el argentino está dispuesto a seguir marcando la diferencia, que en su caso es mucha. Pero el Barça haría bien en saludar por igual la buena versión de Iniesta y Rakitic, la confianza de Busquets, el crecimiento de Semedo y la profundidad de banquillo que le puede dar Sergi Roberto. Messi riega no sólo las victorias, también los brotes verdes de la era posNeymar. Y mientras, se dedica a callar voces tan provocadoras como imprudentes e irresponsables.

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