Después de la decepción de la temporada pasada cuando cayó con el Leicester en octavos, el nuevo Sevilla de Berizzo regresaba a la Champions League con la intención de dejar en Europa la misma huella que el argentino dejó con el Celta. Viajar a Anfield Road nunca es fácil y más para estrenarse en una competición, pero el conjunto andaluz logró sobrevivir a la grandeza del escenario y, sobre todo, al vértigo del Liverpool.

Porque Jurgen Klopp le ha devuelto la grandeza a los ‘reds’. Con un fútbol alegre y de transiciones eléctricas, el técnico alemán ha logrado que un histórico en horas bajas vuelva a la primera plana y lo ha convertido en un equipo peligrosísimo. Ni empezar perdiendo lo frena. Ben Yedder adelantó al Sevilla al poco de comenzar el encuentro, pero antes del descanso el conjunto inglés ya le había dado la vuelta al marcador.

Mané, Firmino y Salah, goleadores estos dos últimos, fueron indescifrables para la zaga de Nervión, que en ningún momento pudo contener las oleadas locales. Sólo Sergio Rico y el desacierto, el punta brasileño incluso falló un penalti, evitaron una goleada que hubiera sido irreparable.

La entrada de Sarabia en la segunda parte le dio un poco de aire al Sevilla, que con el paso de los minutos volvió a asomarse por el área local. El Liverpool seguía atacando, pero cuando le faltaron piernas para presionar la salida de balón de los de Berizzo quedó al descubierto su gran punto débil: la defensa. Porque los de Klopp pierden atrás todo lo que ganan gracias a sus avanzados, como ya le ocurrió el fin de semana ante el City. Y los aficionados no perdonan este tipo de concesiones.

De un saque de banda en el centro del campo nació el tanto del empate. Muriel se coló por el centro sin ningún tipo de oposicion para ceder a Correa, que resolvió con clase. Después de capear el temporal el Sevilla incluso tuvo la oportunidad de ganar, pero esta vez el delantero colombiano no estuvo tan generoso. Un despeje de la defensa sevillista se convirtió en un mano a mano ante Karius. Demasiado jugoso para un punta como para volver a ceder el balón. Su disparo, con Correa de nuevo sólo en la frontal y la portería vacía, se fue fuera.

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