El Bayern de Múnich ha cesado a su entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, apenas unas horas de sufrir la más dolorosa derrota europea en años frente al PSG. La pobre actuación de los bávaros en el Parque de los Príncipes evidenció los problemas que atraviesa el poderoso club alemán, una situación que se ha llevado por delante al técnico transalpino.

Los habrá que no comprendan la decisión. El Bayern 17/18 ha disputado hasta la fecha once encuentros, acumulando ocho triunfos, un empate y dos derrotas. Sin embargo, los dos últimos han supuesto una pesada losa sobre el italiano. Primero, la igualada doméstica ante el Wolfsburgo, permitiendo al rival remontar un 2-0; y especialmente la demolición en París, que en Múnich se ha interpretado como la gota que colmó el vaso.

En cualquier caso, existía la sensación bastante justificada de que el vestuario bávaro era un polvorín. Ahí están los problemas con Lewandowski y los caprichos de Ribery. La tontería del francés no fue la única en este 2017, pues Robben hizo lo propio allá por marzo. Y luego, los desmadres de Hummels y su tristemente famoso balconing.

De todo ello se extrae una evidencia: por unos motivos o por otros, ese vestuario está fuera de control, con futbolistas egocéntricos que hablan y gesticulan cuándo y cómo les da la gana. Al final, eso se proyecta sobre el césped. Y el Bayern no es ni por asomo el que era con Pep Guardiola, dominante y avasallador. Ni aún habiendo ganado la última Bundesliga.

Ancelotti se va de Múnich y le sustituye Willy Sagnol, ex futbolista de los bávaros. Le ha ocurrido lo mismo que en Madrid, Londres o Milán, liquidado por una cierta permisividad de puertas para adentro que se acaba volviendo en su contra. Un poco de mano dura sigue siendo su asignatura pendiente.

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