Durante unos instantes Wahbi Khazri pensó que había marcado el gol de su vida, uno olímpico, directo desde el lanzamiento de un saque de esquina hasta el interior de la portería. Bueno, en realidad él no lo había pensado hasta que la tecnología que supervisa la línea de gol en la Ligue 1 de Francia le dijo que sí, que había empatado el encuentro que su Rennes perdía 0-1 contra el Caen.

Ninguna de las 23 personas sobre el césped había visto gol en aquel saque de esquina, así que el juego siguió, pero cuando 20 segundos más tarde el árbitro recibió la señal de que el vídeoarbitraje había indicado un tanto, unos cuantos se lo empezaron a creer.

 

Lo que la memoria reciente le decía a los futbolistas del Caen y al colegiado, y lo que las repeticiones de vídeo mostraban era que el portero visitante, Rémy Vercoutre, había despejado el balón con su puños en una acrobática parada sin que la pelota se situase siquiera a la altura de los postes. Pero la tecnología señalaba lo contrario y eso fue lo que los locales del Rennes defendieron durante los minutos de confusión en los que el juego estuvo parado.

Finalmente el árbitro Amaury Delerue se fió más de sus ojos que de cualquier sensor artificial y desestimó la alerta. El marcador no se movió entonces ni hasta el final del partido, con o sin VAR.

Durante la escena, los jugadores del Caen mostraban sus camisetas al árbitro para convencerlo del error. Querían explicarle que el maillot amarillo chillón de su portero seguramente había interferido con el sistema de detección. No era la primera ocasión en la que eso sucedía en un estadio de la Ligue 1 gala.

En la temporada anterior el entonces portero del Girondins de Burdeos, Cédric Carrasso, atrapó un balón sobre la línea y el sistema marcó gol. Entonces como ahora, el árbitro desestimó la indicación de la tecnología de línea de portería. Esta funciona con un sistema de cámaras que a través de un procesamiento informático eliminan cualquier elemento superfluo e infieren una imagen clara del balón sobre la línea. A no ser que se produzca una interferencia.

Según explicó Carrasso tras el partido, su camiseta de un color amarillo casi fosforito confundió a las cámaras. El árbitro no concedió aquel gol. El equipo perjudicado, de nuevo el Rennes.

 

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