Puede que lleguemos a tocarle los cojones al Madrid“, fantaseaba Maurizio Sarri durante la pasada primavera antes de enfrentarse con su Nápoles al equipo español. El a la postre campeón de Europa apenas se dejó palpar nada, pero los que no conocían al entrenador italiano y su fútbol sí quedaron tocados por el descaro de aquel equipo valiente que acumuló ocasiones frente al gigante antes de sucumbir en los octavos de final del torneo. Entonces ya se anunciaba la realidad actual: la Società Sportiva Calcio Napoli es el equipo más excitante del continente.

Sarri, oculto tras el humo de los pitillos que se fuma en la banda y vestido con chándal, dos anacronismos que delatan su fuerte personalidad, podría parecer un iluminado, un simple esteta que vive y muere por su innegociable 4-3-3 y por las triangulaciones con las que su equipo debe tejer el juego. Pero los números dicen que los partenopeos juegan para ganar: han vencido en las siete jornadas disputadas en las Serie A, una marca que en la historia del calcio solo habían logrado Juve, Milan, Inter y Roma; son líderes con dos puntos de ventaja sobre juventinos e interistas; han marcado al menos tres goles en cada uno de sus partidos, 25 en total, y solo han encajado cinco.

Y bueno, sí, también juegan de maravilla al fútbol.

El equipo azul no hace más que golear en el fútbol que hizo de la defensa un arte. Desde que el técnico napolitano ocupa el banquillo del club de su ciudad natal, los encuentros en los que el marcador del Nápoles suma tres o más goles son casi la mitad (37 de 83 encuentros en dos temporadas más la actual). Y eso pese a que por el camino pierde delanteros. Primero fue Gonzalo Higuaín, traspasado a la Juventus, y de vez en cuando es Milik, castigado por las lesiones.

Sarri, que durante años compaginó su trabajo en un banco con el de entrenador, echó cuentas y decidió que era necesario repartir la carga goleadora. Once jugadores han visto puerta en lo que va de temporada, con el pequeño genio belga Dries Mertens (siete goles), convertido en máximo artillero. El técnico sabe que debe cuidarlo y por eso no hace más que llamar por teléfono al seleccionador de Bélgica, el español Roberto Martínez, para que deje descansar a su estrella. “Ya están clasificados (para el Mundial), pero es inútil: todavía no me ha respondido”, se quejó en rueda de prensa.

Cuando el presidente Aurelio De Laurentiis lo contrató para relevar a Rafa Benítez en la caseta de San Paolo, dijo que el hombre que había conducido al Empoli de vuelta a la primera división era “un ganga”. También lo pensaba Arrigo Sacchi, que se lo recomendó a Silvio Berlusconi como el técnico idóneo para el Milan. Maurizio, que tenía la nómina más baja entre los entrenadores de la liga, afirmó que “le pagan por una cosa que hubiera hecho gratis”. Además está en su casa, donde su carácter mezcla perfectamente con el de la hinchada y el de un equipo voraz.

Tras el 3-0 al Cagliari del pasado fin de semana, en la cabeza de todos los napolitanos empieza a tomar forma la posibilidad de, esta vez sí, desbancar a la Juve y alzar un Scudetto esquivo desde que hace 27 años lo ganó aquel equipo comandado por el mejor Diego Armando Maradona. El Nápoles de Sarri se le acerca poco a poco y las señales ya están ahí: uno de sus futbolistas, Marek Hamšík, está a punto de igualar el registro goleador del mito argentino.