Hay entrenadores que dejan huella allá por donde pasan, más allá de los resultados deportivos que cosechen. Pep Guardiola parece ser de esta clase de técnicos, teniendo en cuenta lo que se le echa de menos en Barcelona, la que por otra parte es su casa, pero también por cómo lo siguen teniendo en cuenta en el Bayern. El catalán se fue de Munich sin ganar la Champions League, algo que muchos le afean, pero dominó la Bundesliga con látigo de seda durante tres años y, lo que es más importante, salió del club dejando buenas amistades.

El último ejemplo de esto se ha dado esta semana, cuando se tuvo un encuentro con el presidente del conjunto alemán, Uli Hoeness. El mandatario bávaro confirmó que se trataba de una reunión de amigos, cumpliendo la promesa de Guardiola de pasarse cada año por la Oktober Fest, pero que también sirvió para intercambiar ideas futbolísticas.

Y no hay nada más de actualidad para el Bayern ahora mismo que la búsqueda de un entrenador. El despido de Ancelotti después de la debacle de París ha dejado a Sagnol como técnico interino, pero la Hoeness ya tiene sustituto. Y el primero en enterarse fuera del club ha sido Guardiola. El ahora preparador del Manchester City, al que no le va nada mal en su segunda temporada, no sólo conoce de primera mano quién será el técnico del Bayern, sino que además ya ha dado su aprobación.

Como buen buen gigante de Europa, no son pocos los nombres que han salido como posibles candidatos. Algunos clásicos como Van Gaal, pero también otros más jóvenes como Luis Enrique, Julian Nagelsmann o Tomas Tuchel. Este último, que salió del Borussia de forma sorprendente al final de la pasada temporada, es el favorito en las quinielas y al que, por cierto, Guardiola ya había señalado como su sucesor cuando dejó el Bayern.

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