El escritor Frédéric Beigbeder publicó su novela “El amor dura tres años” en 1997. Lástima. Cuando José Mourinho escriba su autobiografía va a tener que pensar en otro título, a pesar de que ese representa exactamente su vida en los banquillos. Y es que el entrenador portugués, el mayor fan de sí mismo, siempre se está marchando, incluso cuando acaba de llegar, como si supiese que es más sencillo tolerarlo en pequeñas dosis. Firmó un contrato por tres temporadas con el Manchester United. Apenas acaba de arrancar la segunda y The Special One ya está alfombrando el camino para su salida.

Días después de que The Sun anunciase que el club piensa en ofrecerle ya un lucrativo contrato por cinco años a la vista del gran inicio de temporada (segundo en Premier League, a dos puntos del impresionante Manchester City de Pep Guardiola, su némesis), Mourinho se encargó de enfriar los ánimos. “Lo que puedo decir es que todavía soy un manager con dudas, con ambiciones, con un deseo de hacer cosas nuevas y no creo… Estoy seguro de que no terminaré mi carrera en el United”, declaró el entrenador de 54 años al programa de televisión francés Téléfoot.

A esa entrevista siguió una información del Daily Record descubriendo el descontento del portugués con la propiedad del United. Mourinho mantendría un desacuerdo con el vicepresidente ejecutivo Ed Woodward, a quien responsabiliza de “las dudas a la hora de adoptar decisiones decisiones de fichajes y de la falta de voluntad para igualar el presupuesto de los rivales”. Le molestaría “la burocracia innecesaria y la ineficiente organización” del club de Old Trafford. Cabe recordar que, desde que llegó a los red devils, le han cumplido el capricho de fichar a Paul Pogba por 120 millones de euros y a Lukaku por 85, entre otras menudencias.

Como sea que aún está a sueldo de los ingleses, Mou se toma alguna cautela a la hora de dibujar el futuro inmediato con el que sueña. Para disgusto de Unai Emery, parece que le apetecería gobernar el lujoso París Saint-Germain. Pero como queda feo decirlo abiertamente, Mourinho se ha inventado otra forma de expresar sus deseos. Ponerlos en boca de su hijo.

“El otro día mi hijo, que vive en Londres, decidió ir a París y no a Manchester para ver un partido. ¿Por qué a París? Porque en este momento tiene algo especial: magia, juventud, calidad. Es fantástico”, contaba, para gusto del chovinismo francés, en Téléfoot. El chaval también le dice más cosas: “Mi hijo me dijo una vez, ‘has ganado esto, esto y esto contra Messi, pero no junto a él'”.

Aun con contrato en vigor, José Mourinho no tiene problema en hablar de otros clubes y de futbolistas que no son los suyos. Sabe que va a cumplir dos temporadas en Manchester y el tiempo apremia para buscar otro banquillo. Porque con él el amor dura tres años (o menos).

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