Se dice que sin afición no habría fútbol. Y hay ocasiones en las que incluso no habiendo fútbol,  sí hay afición. Sucedió en el Türk Telekom Arena este domingo durante el mayor derbi de Estambul, el Kıtalar Arası Derbi, que enfrentaba al líder de la Superliga turca, Galatasaray, y a su archirrival, el Fenerbahçe. El encuentro cumplió el tópico de los encuentros de máxima rivalidad: el resultado más probable es un empate. Un empate a ceros. Uno rácano. Feo. Sufrido.

Y aun así, el partido dejó uno de los momentos más espectaculares del fútbol europeo en lo que va de temporada. Tuvo lugar en el estadio, pero no sobre el césped, sino en las gradas. Allí los aficionados del Galata desarrollaron una elaborada coreografía sobre la conocidísima banda sonora de Rocky, el film de Sylvester Stallone. La cosa fue mucho más allá de un tifo compuesto por miles de cartulinas de colores elevadas al cielo. Mucho. Más. Allá.

Una gigantesca estampa de Rocky Balboa emergió del fondo del recinto también conocido como Ali Sami Yen entre los colores sangre y oro del conjunto local, con los aficionados siguiendo con enorme disciplina el compás de la música. El boxeador de ficción irguió el brazo en señal de victoria mientras el resto del estadio grababa con sus teléfonos móviles para fortuna de la audiencia global.

Durante el encuentro no hubo nada que mereciese la pena ser registrado. El árbitro agotó la tinta del bolígrafo para registrar las 34 faltas señaladas en un partido en el que la palabra “aguerrido” suena a eufemismo. Hubo un expulsado y cero goles.

Los leones del Galatasaray continúan como líderes del torneo con 23 puntos, mientras que los canarios amarillos del Fenerbahçe se quedan con tan solo 15, en sexta posición. El empate satisface a los locales, que mantienen una distancia de seis puntos con su perseguidor, el Goztepe.

Los equipos se preocuparon por los datos. Los aficionados se ocuparon del espectáculo.

 

 

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