Hubo una época en la que ser entrenador de la Premier League era el sueño dorado de cualquier técnico. Tradición, cariño de la afición casi incondicional, dinero… Quizás sea una mezcla de todo eso por lo que Arsene Wenger lleva 20 años en el banquillo del Arsenal, o esa mística haya atraído a extranjeros como José Mourinho (en diferentes etapas), Pep Guardiola, Jurgen Klopp y Antonio Conte. Pero lo cierto es que ser entrenador en la Premier, hoy por hoy, es un peligro, con las posibilidades de un despido mucho más altas de lo que eran a comienzos de siglo.

La mitad de equipos en la máxima competición inglesa ha cambiado de responsable técnico en el último año. Con el despido de Koeman, además, ya van tres técnicos despedidos en la Premier, y hay varios en el alero (Slaven Bilic el principal, pero ojo a grandes nombres como Klopp…). En Inglaterra se lo toman como muchas cosas en la vida: con humor y con apuestas. Hay webs especializadas en contar los despidos de entrenadores y especular con quién será el siguiente y también con sus sucesores. Así que redoblan las apuestas y miran a las tres siguientes divisiones por debajo de la Premier. Esta temporada, suman ya 9 entrenadores despedidos. En septiembre del año pasado, en las mismas competiciones, eran ninguno.

Hace dos temporadas, 58 entrenadores perdieron su puesto en la Premier League y en las tres divisiones inmediatamente inferiores. Un récord absoluto. Sólo en la Premier hubo 12 despidos, cifra máxima en la década. La cosa se estabilizó un poco la temporada pasada (sólo 44), pero en esta 2017/2018 tiene pinta de que los números se volverán a acercar a los 50, si el ritmo se mantiene.

¿A qué se debe esta fiebre de relevos? Hay mucho más dinero circulando en el fútbol inglés y en todas sus divisiones. La presión es seguir ganándolo, más incluso que los méritos deportivos de muchos equipos sin grandes aspiraciones. El cambio cultural de los últimos tiempos, con muchos más dueños foráneos, puede que también haya influido. E incluso el lobby de técnicos ingleses presionando para colocar inquilinos en los banquillos ante la pujanza de entrenadores foráneos.

Es raro que en el pasado se dieses ejemplos como el de Frank de Boer, despedido tras apenas dos meses en el cargo. En cualquier caso, los tiempos en los que Arsene Wenger y Alex Ferguson se tiraron décadas en el mismo equipo parecen acabados. Quizás eso es lo que desespera a los aficionados del Arsenal que piden la cabeza del francés…

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