De algún modo, Messi y Cristiano Ronaldo desde La Liga, Neymar Jr. desde la League 1, Dybala desde la Serie A y Lewandowski desde la Bundesliga, representan la última frontera. Son elementos de resistencia frente al avance de la muchimillonaria Premier League que pretende convertirse en algo así como la NBA para el baloncesto: el único foco de atención global para su deporte, el fútbol, dejando el resto de competiciones en eventos de interés puramente local. La dominación absoluta se lograría a través de la máxima concentración de talento internacional.

El entrenador Sam Allardyce ve un problema en todo eso.

El más breve de los seleccionadores ingleses (despedido por un escándalo de corrupción tras un solo partido en el cargo) declaró durante una entrevista en beIN Sports que en la Premier los entrenadores británicos “son considerados de segunda clase por su país de origen”. “Es una vergüenza que seamos entrenadores con gran preparación y talento y no tengamos a dónde ir”, se lamentó Allardyce.

El ejercicio de corporativismo patriótico del exmánager del Crystal Palace puede nacer de un vistazo a la actual clasificación de la competición inglesa. Antes de comenzar la jornada diez, no hay un solo técnico británico entre los siete primeros equipos del torneo: Manchester City (Pep Guardiola, español); Manchester United (José Mourinho, portugués); Tottenham (Mauricio Pocchetino, argentino); Chelsea (Antonio Conte, italiano); Arsenal (Arsène Wenger, francés); Watford (Marco Silva, portugués); Newcastle (Rafa Benítez, español).

Lo que antaño resultaba un exotismo, hoy es una norma. Después de 25 años, la Premier League ha actualizado el legado del antiguo fútbol inglés. Los clubes, a menudo en manos de inversores extranjeros, buscan ofrecer el producto más atractivo y no dudan en contratar a los entrenadores más capacitados del mundo. Eso restringe el mercado para los preparadores ingleses que ejercen de guardianes de las esencias en el país inventor del juego.

“La Premier League es ahora una liga extranjera: miras a los entrenadores, a los propietarios, a los jugadores… Eso es exactamente lo que es ahora”, se queja Sam Allardyce. Visto el panorama, él ha decidido buscar su oportunidad en otro fútbol angloparlante. Tras dos décadas al frente de equipos ingleses, oposita al cargo de seleccionador de Estados Unidos para sustituir a Bruce Arena tras el fiasco que dejó a los norteamericanos fuera del Mundial de Rusia 2018.

 

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