¿Os acordáis del mercado de verano? Parece que fue hace mucho tiempo, pero pasaron apenas dos meses. Ah, los culebrones… Ninguno tan grande como el de Phlippe Coutinho, el talentoso centrocampista del Liverpool. El Barcelona lo quería como si no hubiese un mañana, y el Liverpool (legítimamente) le dijo que nada, que si no rompía el récord de traspasos con una cantidad de dinero que seguramente el futbolista no vale, no había operación. El Barça tonteó y forzó aun a sabiendas de que el mercado estaba lejos de sus actuales posibilidades: Coutinho se tuvo que quedar, y fue apartadopor Jurgen Klopp en el arranque de temporada.

Ahora la cosa va bien para Coutinho: volvió a la selección brasileña y demostró que cada vez es más importante, y en el Liverpool lleva 4 goles y 3 asistencias. Nada mal. Lo triste para el Liverpool es que estamos más cerca del mercado de invierno en Europa, y eso abre de nuevo la ventana de la salida de Coutinho. Y ahí los síntomas no son nada buenos para el histórico club del Mersey. No sólo por el reconocimiento de que su jugador con más talento vuelve a estar en el escaparate y con opciones reales de salir, si no por los motivos a los que el club puede aferrarse para justificar esa salida.

La prensa inglesa sitúa la salida de Coutinho como probable. Hasta ahí, todo más o menos lógico. No cuadra que sigan situando al Barça como mejor postor: las arcas azulgranas están temblando porque su masa salarial no para de crecer, y la liquidez es escasa como para afrontar otro traspaso cercano o superior a los 100 millones de euros. Lo que es deprimente para el Liverpool es la asunción de que tiene que vender al brasileño para que su equipo solucione los problemas defensivos que, desde la llegada de Klopp, se han hecho acuciantes. Es sorprendente que se diga que el Liverpool necesita vender a Coutinho para afrontar la compra del central del Southampton Van Dijk (otro culebrón del verano).

La supuesta venta de Coutinho sería no sólo claudicar al poderío de otros grandes clubes europeos, si no también reconocer la imposibilidad de competir cara a cara en la competición doméstica. La Premier League se le sigue escapando entre los dedos al Liverpool, incapaz en el mercado de igualar fuerzas con Chelsea, City o United. Sería impensable que cualquiera de esos tres equipos vendiese a su mejor jugador para firmar a un central.