Todos los que ansiábamos un poco más de competitividad en la Serie A estamos viendo cumplidos nuestros deseos. Que la Juventus es un equipo extraordinario, vale, pero verles arrasando año tras año empezaba a cansar. Esta temporada parece que, al fin, existen alternativas; mientras el campeonato se desmelena, el fabuloso Nápoles lidera la tabla sin aflojar ni un ápice. Y junto a la Vecchia Signora, otro equipo con el que se contaba mucho menos: el Lazio.

El conjunto de Simone Inzaghi mantiene el pulso goleador a las escuadras de Sarri y Allegri, en gran medida gracias a la explosión definitiva de un ariete que goleó en Turín, fracasó en sus experiencias en el extranjero y ahora, de vuelta a casa, lidera a todos sus compañeros tanto en goles como en asistencias. Es Ciro Immobile, titular indiscutible en la punta de ataque romana y que a sus 27 años vive el momento álgido de su carrera.

Muchísimo prometía el joven Ciro durante aquella cesión al Pescara en 2011. Junto a Marco Verratti y Lorenzo Insigne, otras dos joyas al servicio del mito Zeman, condujo a los Delfini a un histórico ascenso. Todo lo bueno que prometía pareció confirmarse poco después, en el Torino, donde alcanzó la nada desdeñable cifra de 22 dianas, algo resaltable en el Calcio (al menos hasta hoy…).

Ahí llegaba la oportunidad de su vida: el Borussia Dortmund, huérfano de Robert Lewandowski, le elegía como sucesor del polaco en 2014. Pero Immobile nunca se adaptaría al esquema y estilo del club alemán, como tampoco haría después en Sevilla, con un Monchi decidido a rescatarle. Su verdadera resurrección debió esperar hasta la temporada pasada.

El Lazio, acostumbrado a la mediocridad en los últimos tiempos, apostó por él como su referencia en ataque. La respuesta fue inmediata: 23 goles en 36 partidos. Y a tenor de lo visto hasta ahora, no se quedará ahí. Immobile es hoy es máximo artillero del Calcio (14 tantos) y también comanda la lista de asistentes (6). Acompañado por el español Luis Alberto y otros jugadores más desconocidos como el excelente serbio Milinkovic-Savic, ha transformado al cuadro romano en otra apisonadora ofensiva, igual que la napolitana de Sarri.

Hasta dónde aguantará el plantel de Inzaghi es una incógnita. Por el bien de la competición, ojalá que sea hasta el final. Con lo que hay menos dudas es con la puntería de Immobile, asentada definitivamente y con la moral por las nubes recordando que nos encontramos en año de Mundial (siempre que Italia se clasifique en la repesca, claro).