La temporada va miel sobre hojuelas para el Barcelona. En la Liga, el equipo de Ernesto Valverde es líder destacado que ve a lo lejos la irregularidad y los problemas ofensivos del Real Madrid. En la Champions League, está a un tris de asegurarse el pase a octavos de final como primero de grupo, algo que pudo cerrar de haber ganado en Atenas al Olympiakos (0-0). El tema es que, mirando más allá de los resultados, del hecho de que no encaja apenas goles, y que sólo se ha quedado sin marcar en uno de los partidos disputados hasta ahora (precisamente el último en Grecia), el tedio se ha apoderado en el último mes de competición del juego del Barça.

No pude acabar de ver el Olympiakos-Barça, superado por el aburrimiento. En realidad, quitando la voluntad del equipo azulgrana en el tramo final del choque ante el Atlético de Madrid hace ya unas semanas, el juego del Barça se ha movido en la pesadez, con Messi regulando esfuerzos hasta el extremo, carente de Iniesta, sin una segunda línea capaz de aportar juego (lo que más se le pareció fue Sergi Roberto, y ahora se lesiona), desaparecido Rakitic, criticado André Gomes… Especialmente preocupante es el tema de Luis Suárez, que necesita mucho más de lo habitual para hacer gol.

Todo eso se vio en Bilbao, donde Ter Stegen fue el mejor no llamado Messi, y también en la muy funcionarial victoria sobre el Málaga. Y en Champions, la historia no cambió demasiado. ¿Pudo ganar el Barça al Olympiakos, el peor equipo de su grupo? Sí. Acabó teniendo más ocasiones, el portero paró, etc. ¿Fue un espectáculo merecedor de la mejor competición de clubes del mundo? Eso ya es otra historia. Es posible que el Barça esté en un ciclo bajo de entrenamientos y puesta a punto, tras el arranque de las competiciones, el peso de las selecciones en el calendario con el tramo final de la clasificación para el Mundial de Rusia, etc.

“No estamos contentos del todo, pero sí satisfechos, porque queda una jornada menos y todo sigue igual”, resumió con una practicidad tan aplastante como grisácea Ernesto Valverde tras lo de Atenas. Puede que sea que tampoco es que necesite mucho más para encontrarse con sus objetivos bien encaminados. El caso es que el tedio se ha apoderado del juego del Barça en las últimas semanas. Al menos, los resultados no le han traicionado. Y Valverde se fue a casa con una sonrisa tras volver al sitio donde mejor le ha ido como entrenador.