Tras la sonrojante derrota en Roma, el Chelsea de Antonio Conte necesitaba más que nunca responder ante la visita del Manchester United este pasado fin de semana. Y lo hizo. Los Blues derrotaron a los Red Devils por un marcador corto (1-0) pero una más que convincente actuación. Sin embargo, cuando todavía se debería estar saboreando tan valioso triunfo, en el ala azul de Londres volvió a saltar todo por los aires.

Michael Emenalo, director deportivo del club y que llevaba ocupando diversos roles en el mismo desde hace una década, presentó su dimisión este lunes. Cabeza de turco para gran parte de la afición por ciertas decisiones en el mercado, su salida representa un duro golpe para su principal valedor: Roman Abramovich.

El ex futbolista nigeriano era una de sus más firmes apuestas personales dentro de la entidad, alguien de su total confianza; y aún más relevante, sus ojos y oídos dentro del vestuario (Emenalo se sentaba siempre justo detrás del banquillo local en Stamford Bridge). El motivo de su salida, un día después de derrotar al United, es hasta ahora un misterio. Más aún cuando durante el encuentro celebraba efusivamente los aciertos del joven Andreas Christensen, uno de sus mayores aciertos en la Academia del Chelsea.

Al margen de su rendimiento, el central danés está directamente vinculado con otro asunto que amenaza a los Blues a corto-medio plazo. Su titularidad implicó la exclusión del once de David Luiz, uno de los señalados tras la debacle en Roma en la Champions (3-0). El brasileño no estaba ni en el banquillo, ocupando la que sería su plaza el galés de 17 años Ethan Ampadu. Conte regateó el asunto en rueda de prensa con mucha habilidad.

“El entrenador toma las mejores decisiones que considera para el club y esta vez era jugar con Christensen y tener a Ampadu en el banquillo. Son el presente y el futuro del Chelsea”, replicó, al ser cuestionado por la ausencia de David Luiz. Haciendo referencia al mañana, el italiano se protegía las espaldas a ojos de Abramovich, figura clave en la decisión de repatriar al brasileño el pasado verano. El Chelsea lleva años deseando ver a canteranos en el primer equipo y Conte sabe que nadie se acordará del central sudamericano si su reemplazo, temporal o permanente, procede de su exitosa Academia.

En cualquier caso, el club londinense sigue siendo esa montaña rusa donde el más sublime triunfo sólo puede celebrarse durante unas horas. Al final, por un lado o por otro, en el Chelsea siempre acaba ocurriendo algo de mayor peso mediático que sus actuaciones sobre el césped.