Martin Odegaard era una rareza en enero del 2015. No por el hecho de que grandes clubes europeos se peleasen por el adolescente noruego de 16 años, el internacional absoluto más joven de la historia de su país. Ni tampoco por la presencia paterna llevando los asuntos nada en la sombra, con intereses propios entremezclados con los del hijo. Cuando el Real Madrid fichó a Odegaard, lo sorprendente era que era un joven rubio europeo, cuando todo lo que le rodeaba, ese halo de misterio, negocio y vídeos de YouTube, era más propio de una estrella emergente sudamericana. Eso le convertía en más exótico todavía: nada de lo que rodeaba el fichaje de Odegaard parecía tener sentido, Noruega parecía una pequeña ciudad de Brasil. El caso es que el centrocampista nórdico firmó para el Real Madrid hace casi tres años, y ahora se prepara el segundo desembarco de Odegaard en el club blanco.

El caso es que Odegaard salió del Madrid hace temporada y media porque no tenía hueco en la primera plantilla de los profesionales del (probablemente) mejor equipo del mundo, y en el filial, el Real Madrid Castilla, no rindió lo esperado y/o se aburría. Acostumbrado ya al estatus de estrella en Noruega, entrenando siempre con los Cristiano Ronaldo y compañía, pasar a jugar en el tercer escalón del fútbol en España no era apetente, y además, era duro: campos imperfectos, rivales de pierna fuerte y que le doblaban en edad, equipos con ambiciones deportivas superiores a las de formación en un filial. Zinedine Zidane entrenaba a Odegaard en el Castilla y después en el Madrid: parece que el francés nunca fue un gran fan del noruego, lo que incluso le enfrentó de manera directa con el presidente del club, Florentino Pérez, que invistió su carisma personal en la contratación del preciado centrocampista.

Camino de Holanda, en el Heerenveen, Odegaard no encontró su fútbol de primeras, llegando en el mercado de invierno y con un equipo ya consolidado. Pero esta temporada dio con la tecla de su juego: indiscutible para Jurgen Streppel, esta temporada ha disputado 13 encuentros, más de 1.000 minutos de juego. Apenas un par de asistencias jalonan sus estadísticas, pero los highlights que llegan de Holanda han bastado para que los titulares de la prensa del entorno del Real Madrid se llenen de palabras de regreso de Odegaard, que, además, se lo cree: “Están muy contentos con mi progreso. Creen que lo estoy haciendo muy bien, y eso es bueno”, dijo al diario noruego Dagbladet recientemente.

“No volveré en enero, lo haré en junio y ahí veremos. Creo que en un par de años estaré en mi mejor nivel, aunque creo que tengo una larga carrera por delante y a veces es algo que se olvida”, filosofó Odegaard, no sin razón. Aunque los vídeos de sus regates de fino zurdo pegado a la banda derecha, con eslalons hacia el centro y desde ahí pases filtrados, son vistosos, es difícil saber si el nivel de la competición en Holanda es suficiente para medir la valía del noruego, sobre todo si esa valía debe hacerle un hueco en el Real Madrid. El club blanco tiene una férrea política en los últimos años de acumular todo el talento joven que pueda (VInicius Júnior, Fede Valverde, Odegaard, pero también Dani Ceballos o Vallejo, entre otros). Pero en la zona de influencia que puede ocupar Odegaard el Madrid va a tener, salvo sorpresas, a Isco, Ceballos, Kovacic, Gareth Bale y algún otro secundario.

A sus 19 años, Odegaard compite en el Heerenveen por ser campeón holandés. Pero lo que realmente busca es triunfar en el Real Madrid. Tras su amargo paso por el filial blanco, necesita tener algo más de seguridad para su segunda etapa. Quizás un regreso este verano sea demasiado precipitado. Pero el ruido ya está ahí.