Hace unos meses que Berlusconi decidió vender el AC Milan y dejarlo en manos de empresarios chinos. Desde entonces, la intención de sus nuevos dueños fue volver a poner en primer plano al histórico equipo italiano, que no cata Scudetto desde 2011. El plan, como no en estos tiempos de jeques y magnates, era hacerlo a base de talonario. Pero a estas alturas de la historia, cuando se duda si el dinero no da la felicidad, o todo lo contrario, lo que sí parece claro es que lo que no proporciona el talonario son resultados deportivos inmediatos.

Porque el pasado verano el club rossonero se dejó más de 200 millones en el mercado, firmando a golpe de chequera operaciones tan llamativas como la de Bonucci, de la Juve, o Douglas Costa, del Bayern Múnich. El elegido para dirigir la nave fue Montella, que llegó en 2016 para intentar frenar la silla eléctrica en el que se había convertido el banquillo de San Siro desde la salida de Allegri (sexto técnico en dos años, Seedorf e Inzaghi incluidos).

Pero la realidad pronto ha devuelto a la tierra el ambicioso proyecto. No le va mal en Europa League, donde ya están clasificados para la siguiente ronda, pero el problema llega en la Serie A, donde tras empatar a cero con el Torino se quedan séptimos, con sólo 20 puntos y, lo que es peor, a once de distancia con los puestos de Champions League. Esa fue la gota que colmó la paciencia de los dirigentes milanistas, aunque lo más doloroso es saber que el equipo ha perdido sus encuentros contra Nápoles, Juve, Roma, Inter y Lazio, lo que deja claro que todavía está un escalón por debajo de la élite de la liga.

¿La solución? Mando dura con un sargento de hierro y una leyenda del club: Genaro Gattuso. El batallador mediocentro de la última etapa gloriosa del Milan era el encargado del filial después de dar sus primeros pasos como técnico. Pasó por el Sion suizo, el OFI. Creta griego y los locales Palermo y Pisa 1909, siempre sin lograr asentarse y en algunas ocasiones con problemas para controlar su carácter.

Un movimiento a la desesperada, un todo o nada que puede terminar por enterrar un proyecto con apenas unos meses de vida o, si Gattuso logra conectar con sus jugadores, revivirlo para que se empiece a ver sobre el césped todo el potencial que se le presupone a ese grupo de estrellas. El Milan se entrega a su Simeone como hace años lo hizo el Atlético. Como en el caso del argentino, sabemos que corazón y disciplina no va a faltar, la pregunta ahora, y lo que debe preocupar a los dirigentes, es si Rino puede aportar algo más que eso.

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