La saga Kluivert parece una matrioshka, esa muñeca rusa que contiene en su interior otras muñecas semejantes pero cada vez más pequeñas. Patrick, Justin y Shane comparten genes, el parecido que se transmite de padres a hijos y parece que también un talento de élite para el fútbol. Los dos chavales tienen madres diferentes, pero apuntan a un mismo destino: mantener el apellido en las portadas del fútbol continental. Para empezar, Justin ya ha logrado una gesta que su padre jamás logró: anotar un hat-trick con el Ajax de Ámsterdam.

Tres de los goles del triunfo por 5-1 de los ajacied ante el Roda nacieron de las botas del extremo de 18 años que, aunque menos espigado que su progenitor, sí comparte con él una zancada veloz. Patrick era capaz de escurrirse y encontrar el fútbol en los recovecos del área. Si atendemos a estos espectaculares tantos de Justin, la versión 2.0 de Kluivert semeja un futbolista más directo pero igual de venenoso.

El trío de goles muestra a Justin Kluivert como un futbolista con fino talento para controlar y conducir la pelota pegada al pie, capacidad para driblar a los no siempre expeditivos defensas de la Eredivisie, y golpeo potente y colocado hacia portería. También enseña una capacidad para saludarse con los compañeros propia de Paul Pogba.

El pater familias dio una Copa de Europa al Ajax en 1995, siendo el jugador más joven en marcar en una final de la Champions League. Durante algo más de una década fue un delantero de referencia para equipos como el Milan, el Barcelona o el Valencia. Justin, que ya es internacional holandés sub-21, da sus primeros pasos en el mismo lugar en el que empezó su padre. Shane, que tiene la mitad de años (nueve añitos) y la mitad o menos de tamaño que su hermano, lleva una carrera más glamurosa: primero militó en el PSG, y acaba de firmar por el Barcelona. Es, además, una menuda estrella mediática.

Pero Kluivert padre ya solo marca en partidos de veteranos y al más pequeño de la familia aún le faltan unos cuantos años para pensar en el profesionalismo. El Kluivert que de verdad importa ahora mismo se llama Justin.

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