Era 10 de mayo del 2016. El Bayern de Múnich lo hacía de nuevo, pensábamos todos. Aquel día, con la mayoría de competiciones domésticas europeas todavía en marcha, la entidad bávara cerraba la contratación de una de las sensaciones del curso en el continente: Renato Sanches. Tal como anunciaba su club de origen, el Benfica, el montante de la operación se traducía en 35 millones de euros fijos y otros posibles 45 (!) por diversos objetivos.

Pero esto último no importaba demasiado. Sanches venía de deslumbrar en los meses precedentes con un despliegue físico envidiable para un chaval de 18 años, exhibiciones que repitió durante la Eurocopa de Francia. Siendo convocado con la selección absoluta de Portugal rompía, además, un récord de precocidad en poder de Cristiano Ronaldo desde hacía más de una década. No había duda, el Bayern se llevaba a una joya…

Pero el salto a la Bundesliga se le indigestó. Carlo Ancelotti, es perfectamente sabido, es un fanático de la veteranía. Lo demostró en el Milan, en el Chelsea, en el PSG y en el Real Madrid. Sanches no aparecía habitualmente en sus esquemas y, cuando lo hacía, no dejaba una huella similar a la de su etapa lisboeta. Solo fue titular en cuatro encuentros ligueros aunque por el medio se convirtió en el primer futbolista portugués en alzarse con el Golden Boy.

Con el millonario fichaje del francés Corentin Tolisso, competencia para su puesto, una cesión parecía inevitable para el joven Renato. Y así sucedió, a finales del verano, con rumbo a la Premier League, competición ideal para nutrir a un jugador de sus condiciones. Se marchaba al Swansea, equipo de zona baja en el que podría disfrutar y crecer sin demasiada presión. Siendo entrenado, además, por un ex colaborador de Ancelotti, Paul Clement.

Sin embargo, disputado ya más de un tercio del curso, el luso se encuentra en todas las conversaciones sobre las decepciones de la temporada. Los pundits televisivos y radiofónicos le ven falto de confianza, extremadamente errático, nervioso… Por si no fuese suficiente, Sanches protagonizó uno de los momentos negativos de la última jornada, al pasar el esférico a una valla publicitaria, sin ningún rival encima.

La reacción de Clement a la acción anterior habla por sí sola. Unos minutos después, el técnico decidía su sustitución, ya en el descanso. Tanto una como la otra son el claro reflejo del delicado momento que vive el que fuera una de las mayores promesas de Europa hace año y medio, pero que, a día de hoy, es incapaz de rendir en uno de los conjuntos más flojos de Inglaterra. Tiempo tiene para enderezar la situación…

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