Gonzalo Higuaín está gordo, se está quedando calvo, no da el nivel para la Argentina de Messi, no es raro que la Juventus haya perdido dos finales de Champions League con el Pipita como delantero centro, etcétera. Higuaín siempre es objeto de este tipo de comentarios, y siempre responde a su manera. No será el mejor delantero de Europa, pero tiene semanas en las que se lo cree. Y ahora está en uno de esos momentos en los que el argentino es élite del fútbol europeo. Su última víctima no pudo ser más propicia, para la Juve y para él: su gol decisivo al Nápoles pone la Serie A al rojo vivo y le permitió al Pipita cobrarse un par de cuentas pendientes en San Paolo.

Higuaín encontró la portería de Reina a los 12 minutos tras un gran pase de Dybala (otro que venía flojeando y apareció en el momento oportuno). El 0-1 bastó para que la Juventus se llevase los tres puntos del campo del líder del Calcio, un Nápoles que perdió la oportunidad de abrir un boquete al frente de la clasificación. Higuaín lo festejó por todo lo alto; poco importa el recuerdo de su etapa en el sur de Italia, donde se abrigó tras salir del Real Madrid y relanzó su carrera a base de goles. Se convirtió en ídolo de San Paolo, pero cuando dejó el Nápoles por la Juventus, el sur por el norte, la grada más caliente por el equipo más poderoso, hubo quien no se le tomó muy bien. El primero, el presidente del Nápoles, Aurelio de Laurentiis.

El ambiente es caliente contra Higuaín cada vez que regresa a la que fuera su casa. Insultos, cánticos, pitos… “Todo el mundo es libre de hacer lo que quiera. Hay quien quiere que te lesiones, otros siempre estarán contigo. Por más que me insulten cada vez que vengo aquí, no va a cambiar mis recuerdos de los tres años que pasé en Nápoles”, zanjó el Pipita sobre el recibimiento hostil. El fútbol le da la razón: desde su salida del Nápoles, le ha marcado 5 goles a su exequipo, tres de ellos ante la herida afición de San Paolo.

Pero el recado menos cariñoso de Higuaín fue para De Laurentiis. Tuvo mimos para el entrenador visionario Maurizio Sarri (“Aquí lo di todo, Sarri dijo que no me merecía los pitos. Es un amigo, y esa relación va más allá del juego, me hizo mejorar en todos los aspectos”), pero para el presidente del Nápoles hubo gesto en el campo y palabras fuera de él. “Sí, miré hacia el palco después del gol. Pero no pude verle, quizás se estaba escondiendo”, dijo el Pipita, que tras marcar y abrazarse a sus compañeros hizo el gesto como de otear el horizonte en dirección a donde De Laurentiis suele estar.

El mandamás del Nápoles, un tipo al que le gusta la bronca, trató de “falso, traidor y sinvergüenza” a Higuaín. El caso es que el Pipita marcó su sexto gol en los últimos cinco partidos, después de pasar por el banquillo y temer que su puesto en la Juve, como en la selección argentina, estuviese escurriéndosele de las manos. Ahora, parece dispuesto a volver a reclamar el 9 de la albiceleste, en dura pugna con Icardi. Quizás si siempre jugase contra el Nápoles…

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