Se cumplieron los pronósticos en el Grupo E de la Champions League. Sevilla y Liverpool, grandes favoritos para avanzar a octavos de final cuando se produjo el sorteo, no defraudaron y jugarán la fase decisiva del torneo, aunque con sensaciones muy diferentes. Mientras el conjunto español ha llegado a la meta casi de rodillas, los de Klopp cerraron la fase de grupos enseñando músculo y lanzando un mensaje de advertencia para que se le tenga en cuenta en febrero.

El Sevilla necesitaba puntuar en Eslovenia y lo consiguió. Sin alardes, sin demasiada brillantez y yendo por detrás en el marcador hasta que Ganso resolvió el problema. Pero logró el objetivo. Le está costando al conjunto andaluz captar los conceptos de Berizzo, ahora dirigidos por su segundo, Marcucci, mientras se recupera de un tumor.

No han ganado ninguno de los tres encuentros como visitante, recibiendo incluso una dura goleada en Rusia, y tuvo que tirar de toda la épica disponible para remontar un partido que tenía perdido en el Pizjuán ante el Liverpool. Con esta clasificación compra tiempo para seguir creciendo y convertirse en un rival incómodo para cualquier líder de grupo.

Lo curioso es que el Sevilla habría seguido en la competición incluso perdiendo gracias a la exhibición del conjunto de Anfield. De la mano de Firmino, Salah, Mané y, sobre todo, Coutinho, los cuatro fantásticos ‘reds’, atropellaron a un Spartak de Moscú que se presentaba en Inglaterra dependiendo de sí mismo para pasar.

No tuvieron opción. Al cuarto de hora ya perdían 2-0 gracias a dos tantos del brasileño más cotizado después de Neymar, que terminó con un hat-trick. Tocaba divertirse y el resultado engordó hasta el 7-0 con goles de las otras tres estrellas. El Liverpool sigue la corriente dominante de la Premier en esta Champions y será un equipo peligroso cuando lleguen los cruces a doble partido.