El Manchester City ha sentenciado la Premier League a 10 de diciembre. El conjunto Citizen ha superado a su rival local en Old Trafford por un ajustado 1-2, mostrándose muy superior al Manchester United durante la mayor parte del encuentro y goleando a través de dos acciones a balón parado. Con ello, el equipo de Guardiola acumula ya una ventaja de once puntos sobre su único perseguidor y, de paso, bate el récord histórico de victorias consecutivas al sumar la número 14.

José Mourinho apostó en esta ocasión por un once bastante ofensivo, con Lingard, Martial y Rashford por detrás de Romelu Lukaku. Claro que era un planteamiento sobre el papel. El conjunto celeste se apoderó de la posesión de inmediato, con el cuadro local apelotonado delante de la portería defendida por David De Gea, la gran esperanza del United tras sus últimas actuaciones.

Aún así, el City avisó con dos tímidos intentos de Raheem Sterling y Gabriel Jesús, titular en detrimento del Kun Agüero. Pero tanto el inglés como el brasileño dispararon muy flojo, a los pies del meta español de los Red Devils. Desde ahí, el encuentro entró en una fase soporífera de casi media hora, con los de Pep Guardiola circulando demasiado lento y los de Mourinho apostando por sandías hacia el islote belga.

Y cuando todo el mundo hubiera imaginado ese 0-0 al descanso, el éxtasis. David Silva adelantaba a los visitantes al cazar un balón muerto en un córner, gol que al fin provocó el despertar del United. Los Red Devils tiraron de orgullo mientras el reloj lo permitiese e igualaron de inmediato por medio de Rashford, que aprovechó un erróneo control de Fabian Delph y una extraña salida de Ederson.

El paso por vestuarios no relajó a ambos equipos, que salieron envalentonados. Pero poco le duró el ímpetu al United, ya que Nicolás Otamendi conseguía el 1-2 tras una pifia de Lukaku. Los de Mourinho quedaban tocados y el incombustible líder manejaba la situación a su antojo y sin apuros. Mientras, De Gea sí debía intervenir para detener a un De Bruyne que buscaba el tercero.

Old Trafford empezaba a desesperarse. Sus futbolistas seguían erráticos o directamente ausentes, mientras Mourinho tardaba en mover el banquillo. Lo hizo a falta de un cuarto de hora, introduciendo a un viejo némesis de Guardiola, Zlatan Ibrahimovic. Con más gente de ataque a su alrededor, Lukaku pudo enmendar sus errores previos en una gran ocasión que despejó Ederson con el cuello.

Para mayor desquicio de las gradas, el City manejó los últimos minutos con maestría, perdiendo tiempo cuando debía hacerlo y provocando alguna que otra fea acción rival (de Matic, de Young…). Fue el triste final para un United que perdió con justicia y que mostró bandera blanca ante un City totalmente imparable.

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