Los últimos minutos del derbi disputado en Old Trafford entre Manchester United y Manchester City estuvieron plagados de tensión y de ciertas acciones fuera de lugar. Con los visitantes jugando con el reloj, Ashley Young golpeaba a Raheem Sterling a propósito y el codo de Nemanja Matic hacía lo propio con el rostro de Kevin De Bruyne. Aunque en ese momento nadie lo sabía, solo era un anticipo de lo que sucedería poco después en los vestuarios del Teatro de los Sueños.

Tal como informaron numerosos medios británicos, el caldeado ambiente se tradujo en una multitudinaria trifulca que involucró a numerosos miembros de ambos clubes, desde jugadores, personal del staff técnico o incluso masajistas. Las botellas volaban e incluso corrió la sangre. ¿Y a quién se le ocurrió encender la mecha que después solo se apagaría con la presencia de la policía? Pues al entrenador que había sido derrotado.

Efectivamente, José Mourinho destapó la caja de los truenos al pasar por delante del vestuario del City. Allí solicitó, sin pudor alguno, que sus rivales redujesen el volumen de la música en la celebración sky blue y que fuesen más respetuosos en el triunfo. No es la primera vez que el luso reclama algo similar, pues ya lo hizo la temporada pasada tras caer apalizado en Stamford Bridge.

En esta ocasión, el entrenador del Manchester United recibió una contestación inmediata por medio de Ederson Moraes, el portero del City. La cosa se caldeó tanto que otras personas intervinieron, como el enajenado Romelu Lukaku, mucho más preciso como lanzador de una botella que impactó en un fisioterapeuta de los Citizens que en su desempeño en el campo. Y hablando de botellazos, el propio Mourinho recibió una ducha a base de agua y leche…

Si bien ninguno de los clubes han informado oficialmente sobre la tangana, los medios ingleses detallaron que uno de los peor parados fue Mikel Arteta, ayudante de Pep Guardiola en el banquillo del City. El ex de Arsenal o Everton también ejerció de diana humana para los misiles de plástico que volaban de un lado a otro, tapándose el rostro en presencia de los fotógrafos.

Así pues, otro enfrentamiento entre Guardiola y Mourinho que acaba saltando por los aires. Con la competición liguera ya prácticamente sentenciada, al luso sólo le queda desviar la atención, de la forma que sea, para que nadie se acuerde de otra posible decepcionante Premier League para él y los suyos.

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