The Hawthorns va a vivir otro momento histórico de la Premier League. No será a cargo de su equipo, el West Bromwich Albion, colista del torneo, sino de uno de sus huéspedes. En el coqueto estadio entrenó Sir Alex Ferguson su último partido al frente del Manchester United en 2013. El mismo escenario recibirá a Arsène Wenger este domingo, en el que será el partido 811 del técnico francés al frente del Arsenal, uno más que los dirigidos por el mito escocés en el banquillo de los red devils.

A sus 68 años, 20 de ellos en el equipo del norte de Londres, Wenger habrá entrenado en más partidos de Premier League que nadie, con mucha ventaja sobre el resto de managers (el más próximo a su registro, Harry Redknapp, llegó a los 641 y está sin equipo). El de Estrasburgo ha ganado hasta la fecha 468 partidos, el 57,8% de los disputados, ha empatado 197 y perdido 145 encuentros. Los goles festejados han sido 1.524, por 781 encajados.

“He sacrificado un montón de vida personal para lograr esto”, comentó en la web del Arsenal, recordando también la revolución que supuso su llegada al fútbol inglés. En una Premier actualmente repleta de entrenadores extranjeros, algo que técnicos como Sam Allardyce aceptan de mal grado, Wenger fue un pionero: “Nadie me conocía, no había una historia de entrenadores extranjeros exitosos en Inglaterra, así que fue un gran reto para mí”.

Cuando llegue el momento de su adiós, a Wenger se le reconocerá su importancia como transformador del fútbol de las islas: convirtió aquel Arsenal rácano del one-nil, el equipo de tipos aficionados a la botella como Tony Adams, en un club moderno, con estrictas restricciones de alimentación y entrenamiento que hicieron de Highbury primero y el Emirates, después, una referencia europea. El técnico gunner, aliado con Henry, Pirès y Vieira, afrancesó el Arsenal y, por contagio, sofisticó el paladar de los aficionados y los más ricos propietarios de la Premier. Su obra magna fue la temporada de Los Invencibles, el equipo de 2003-2004, que alzó el trofeo liguero sin mácula: 26 victorias, 12 empates y ninguna derrota.

Aquel punto álgido parecía augurar una época dorada sin parangón, pero sobrevino una sequía que minó irremediablemente el crédito del galo. Jamás ha vuelto a ganar la liga y solo los títulos de la FA Cup en 2014, 2015 y 2017 han aplacado a los críticos. Wenger siempre ha defendido que competía con medios más modestos que los de sus rivales. Ese argumento que, antaño sonaba a excusa, parece más cierto ahora en pleno apogeo derrochador de los clubes de Manchester.

Le Proffeseur va a batir esta jornada un récord de su rival más encarnizado, un Ferguson que puede presumir desde la jubilación de más títulos y un mejor porcentajes de victorias en el United (65,2% de victorias en 810 partidos). También de que se retiró en sus términos, algo que quizás Wenger no pueda hacer. Orgulloso como pocos, Arsène guarda silencio sobre su continuidad, mientras ya suenan nombres para un relevo que no debería tardar. Al menos dejará a sus espaldas un récord difícil de igualar.