Arsene Wenger respira tranquilo. A pesar de sufrir una nueva derrota bochornosa en la Premier League y ver cómo cada hora que pasa Alexis Sánchez y (quizás) Mesut Özil están más cerca de vaciar sus taquillas del Emirates Stadium, este domingo el estirado alsaciano se llevó una pequeña alegría para su ego. Su invencible Arsenal, que se proclamó campeón de liga en el 2000 sin haber perdido ni un partido, seguirá en los libros de historia. La amenaza del Manchester City se desvaneció en una de esas tardes mágicas de Anfield (4-3), en las que el Liverpool entra en un estado de inconsciencia efervescente y es capaz de arrollar a cualquiera. Todo eso en el primer partido sin Coutinho en el equipo. Cuando se pasó el efecto anfetamínico y a pesar del 4-1 en contra, el City estuvo cerca de igualar el partido. Pero cerca no sirve para evitar la primera derrota en la Premier de los de Guardiola, 23 partidos después.

El City ha jugado hasta la fecha 35 partidos en lo que va de temporada, y ha perdido apenas dos, uno en Champions League en el campo del Shakthar Donetsk y otro en Anfield. La cuenta de goles a favor es muy superior a la de goles en contra. Todo va encaminado a la conquista, al menos, de la Premier en la asunción de que Guardiola ha dado con la tecla de su equipo y del fútbol inglés. Pero… Rubricar todo eso con un campeonato perfecto sin haber concedido derrota era una idea tan tentadora que el técnico catalán se empeñaba en hacerse a la idea de que no iba a ser posible. Y fue el Liverpool quien le dio la razón en un partido marcado por el tempranero gol de Alex Oxlade-Chamberlain, y en el que el City tardó en reaccionar. No tiró a puerta hasta el minuto 35, y no creó apenas peligro en la portería de Karius, hasta que Sane encontró el empate en una floja intervención del meta local.

Pero tras el descanso, el partido se abrió, y eso, lejos de condenar al Liverpool, le condujo a la victoria. En apenas 8 minutos, Sadio Mané, Roberto Firmino y Salah encontraron la portería de un Ederson desafortunado sobre todo en la acción del tercer tanto. Poco antes del 2-1, Otamendi había cabeceado al larguero y quién sabe si el partido para el Manchester City hubiera sido otro. Poco después del 2-1, el propio Mané erraba otro gol. Era esa clase de partido. Anfield se volvió loco en los primeros 20 minutos del segundo tiempo, viendo al fin a su equipo explotar el potencial de sus atacantes sin sufrir las consecuencias directas en su defensa. Los Fab Four eran Salah, Mané, Firmino y Coutinho, y con el partido de este sábado Oxlade aspira a ganarse el estatus de Ringo Starr.

No duró toda la tarde, porque el Manchester City apretó y encontró dos goles en los minutos finales, cuando estuvo cerca de enjugar toda la ventaja del Liverpool. Bernardo Silva primero y Gundogan después, ya en el tiempo añadido, descontaron la diferencia a un solo gol. En la orilla se quedó el Manchester City para evitar la primera derrota de la temporada en Inglaterra. “Hicimos un buen partido, en la segunda parte estuvimos realmente bien. Pero tras el segundo gol hicieron el tercero y el cuarto muy rápido, y fue difícil recuperar. Siempre dije que la Premier League no está acabada, y nos quedan muchos partidos difíciles por delante”, dijo Guardiola tras caer en Anfield. Desde la distancia, Arsene Wenger daba un sorbo pequeño a un vaso de vino.

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