El regreso de los mitos de los clubes holandeses a su casa para cerrar sus exitosas carreras internacionales es una bonita costumbre: jugadores de prestigio durante una década y pico, criados en las prolíficas bases de los clubes del país de los tulipanes, sacados de manera precoz de su ambiente ante la nula pujanza económica de la Eredivisie, tentadoras piezas por talento y sentido del fútbol para alimentar a los mejores clubes del continente, y que ya amortizados para el primer nivel, con canas, calvos o lesiones que les han mermado deciden recogerse en el ambiente que les vio nacer. El último en emprender el regreso a casa es Robin van Persie, otro hijo pródigo que regresa al Feyenoord para sus últimas carreras.

El delantero holandés, el máximo goleador de la historia de la selección oranje (más que Van Basten, más que Van Nistelrooy) ha dejado el Fenerbahçe después de tres temporadas en Turquía. Como hiciera Dirk Kuyt antes que él, y Roy Makaay antes que el hiperactivo extremo, Van Persie vuelve a Rotterdam para intentar elevar el nivel del equipo del que salió hace 14 años. De los tres grandes holandeses, el Feyenoord es el que más sufre para recuperar el terreno perdido en Europa. Con le regreso de estos mitos intenta que cuajen los más jóvenes, por ahora con menos resultados que Ajax y PSV. Al mando de las operaciones del equipo, otro exjugador que también salió y volvió para retirarse, y ahora además es entrenador: Gio van Bronkhorst.

Van Persie ganó su único título internacional con el Feyenoord, cuando era un adolescente que empezaba a despuntar en Holanda. La UEFA ganada en el 2002 corona inició el palmarés del holandés, que luego sumaría 4 títulos en Inglaterra, repartidos a partes iguales entre Arsenal y Manchester United. En unos días en los que se debate con mucha mala baba sobre la salida de Alexis Sánchez en ese mismo trasvase Londres-Manchester, en su momento la salida de Van Persie se vio como una traición máxima no ya al Arsenal, sino sobre todo a Arsene Wenger.

Sólo hay una cosa en la carrera de Van Persie que le duela más que las múltiples lesiones sufridas en su trayectoria: haber perdido la final del Mundial de Sudáfrica en el 2010, ante España y en la prórroga. Holanda tuvo en su mano lo que al mítico grupo de Cruyff, Neskens y compañía se le resistió en dos ocasiones. Lo dejaron escapar, y luego fueron terceros en Brasil 2014. En su mejor etapa en Inglaterra y con la selección, Van Persie fue un reloj goleador: marcó uno cada dos partidos. Comenzó como extremo zurdo pero pronto su tremendo disparo y su habilidad para detener la pelota en cualquier situación le acercaron al área.

“Tiene una fama tremenda entre los otros jugadores, y esperamos que interprete el rol de líder, como hizo Dirk Kuyt, aunque lo haga de manera diferente“, deseó el director deportivo del Feyenoord, Martin van Geel, al confirmar el regreso a casa de Van Persie. Robin no fue siempre el compañero ideal ni el jugador más disciplinado para el entrenador, pero sus canas y sus 35 años le han hecho asentar la cabeza. Y ahora tiene la responsabilidad de ser ejemplo para los jóvenes de Rotterdam. Al menos los que apoyan al Feyenoord.

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