“Para cuatro competiciones a un alto nivel, necesitas 22 jugadores. Hoy en día, 22 jugadores top resultan demasiado caros. No puedes comprar eso. Ni siquiera el (Manchester) City“. Así habló Pep Guardiola en rueda de prensa previa al partido de FA Cup frente al Cardiff galés, emitiendo un lamento que demuestra que sus preocupaciones no son de este mundo. O no al menos de ese 99% del mundo del fútbol que no forma parte de la superélite. Era la reflexión que dejaba tras perder al codiciado Alexis Sánchez a manos del Manchester United de José Mourinho. “Hay salarios que no podemos pagar. Hay partes de un traspaso que no podemos pagar. Quizás suceda en el futuro, pero no hemos pagado más de 100 millones de libras (114 millones de euros) por un jugador, o 90 u 80. No podemos pagar eso ahora, me dicen, y los salarios y otras cosas… No podemos pagar. Esa es la verdad”, abundó. Vaya.

Es normal ofenderse. Si usted es hincha de un equipo modesto, de un club de una ciudad pequeña o que no cuenta con el flujo de millones que le regala un multimillonario extranjero, puede exhalar un suspiro de incredulidad. Es legítimo. Porque, aun intentando ponerse en el lugar de Pep Guardiola, cuesta empatizar con la queja del entrenador. Ese lugar que ocupa el de Santpedor es el de la máxima exigencia, el de la obligación de ganar cada partido para estar a la altura de las expectativas. Y aun así, uno esperaría que al manager del Manchester City le apasionase el reto de hacerlo sin partir de la mejor posición, de tener que aportar un valor que compensase las deficiencias de talento que pueda mostrar su equipo en alguna posición.

Ocurre que Pep ya solo piensa en la competición deportiva y simbólica que mantienen los grandes trasatlánticos europeos, esa en la que, aunque cada fin de semana juegue frente al Brighton o el Stoke City, en el fondo siempre se está enfrentando al Barcelona, al Real Madrid, al PSG, al Bayern de Múnich, al Manchester United o a la Juventus de Turín. Esa es la verdadera competición a la que tiene que hacer frente de forma cotidiana. Ese es el estrés que le hace olvidarse de que con lo que invertirán los sky blue en la contratación del central Aymeric Laporte (unos 70 millones de euros) se podría cubrir el presupuesto de dos años de un equipo de mitad de tabla de La Liga española.

Cabe recordar que según un reciente informe financiero el Manchester City es el club de fútbol más solvente del mundo, así que Guardiola intentó en su comparecencia reconocer sin mucho éxito lo obvio: “Claro que hemos gastado un montón de dinero, el mismo dinero que un montón de equipos. Puedo aseguraros que no somos el único equipo en el mundo que ha gastado un montón de dinero. Hay muchos”. No tantos, Pep. No tantos.

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